Lucha antihuachicol: ¿qué metas persigue?
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Lucha antihuachicol: ¿qué metas persigue?

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Lucha antihuachicol: ¿qué metas persigue?

23/01/2019
Actualización 23/01/2019 - 11:04

El presidente lanza esta cruzada de tal forma que los resultados no pueden ser peores “Ayer atacaron la mayoría de los ductos que corren por el país”, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador durante su conferencia mañanera. También comentó que el ducto que corre de Salamanca a Guadalajara fue sacado de operación “hasta cuatro veces durante todo el día”.

¡Qué, qué, qué!

Fueron atacados la mayoría de los ductos… Un ducto más de cuatro veces en un día…

Si esta declaración la hubiera hecho otro mandatario, probablemente sería porque su nación estaría enfrentando una guerra civil, o porque un grupo armado busca desestabilizar al país llevando a cabo actos terroristas para debilitar la gobernabilidad.

Pero no. Parece que es algo más sencillo, pero tal vez más preocupante.

Según las declaraciones del presidente, estos ataques sistemáticos son llevados a cabo por “el pueblo bueno y sabio” por la falta de oportunidades y la corrupción de las administraciones anteriores. La solución al problema es, entonces, asegurar que la población de estas comunidades tenga acceso a oportunidades.

Y eso fue lo que hizo también este martes, cuando encabezó la entrega de apoyos para 91 municipios que estarían cerca de ductos de combustibles. Y les advirtió a los presentes en esta ceremonia multitudinaria en el Estado de México, que ya no tendrían razón de continuar participando en actividades delictivas.

Es admirable la fe del presidente en la eficacia de los programas de apoyo y de becas para reducir el involucramiento de la población en actividades de huachicoleo. Pero, aún en los mejores escenarios, el reducir el ataque sistemático gracias a la ayuda proporcionada a individuos en situación de vulnerabilidad, podría tardar meses o hasta años.

Porque el 'picar' oleoductos es fácil. El problema fundamental es que no se prepararon ni anticiparon el efecto que tendría un combate frontal al huachicol rural, al huachicol industrial y al huachicol oficial. Y parecería que por ahora estaría el gobierno entretenido en combatir el huachicol rural, pero con consecuencias: la tragedia en Tlahuelilpan, donde van 93 muertos al cierre de esta edición.

No, no estoy diciendo que la estrategia del presidente Andrés Manuel López Obrador tiene como resultado directo la muerte de casi 100 personas en Hidalgo. Lo que sí creo es que su estrategia se está traduciendo en complicaciones económicas y humanitarias para el país, por el hecho de no tener claridad de cuáles son los objetivos reales de la confrontación con los huachicoleros.

Si el objetivo era reducir la corrupción y hacer llegar más dinero a las arcas del gobierno, entonces ¿por qué no atacar el robo industrial que se hace desde Pemex, arrestando directivos, líderes sindicales y CEO de empresas que saben que están comprando gasolina robada? Pero si lo que buscaba el presidente era reducir los niveles de violencia de las organizaciones criminales y la dependencia que tienen comunidades completas del huachicol, deberían de haber arrestado a los 30 o 40 líderes identificados por los organismos de inteligencia, con carpetas de investigación y órdenes de arresto en mano, y desarticular las organizaciones, al tiempo de entregar apoyos a la población. Si la razón de combatir a los huachicoleros era porque representaban una amenaza a la seguridad nacional y grandes riesgos a la población y la economía, entonces la estrategia debería haber sido netamente militar, usando todas las capacidades y recursos de las Fuerzas Armadas y de los organismos de inteligencia.

Algo que faltó en esta estrategia era el componente político: un consenso por las diferentes fuerzas partidistas y empresariales para enfrentar la amenaza del huachicol. Además de enviar una amenaza contundente a todos los gobiernos estatales y municipales que pudiesen estar involucrados en organizaciones que roban gasolina. ¿Sería posible que el gobierno federal no sabía que el presidente municipal Juan Pedro Cruz Frías, alcalde de Tlahuelilpan, que ahora milita en Morena, podría estar involucrado en actividades de huachicoleo?

Pero el presidente lanza esta cruzada de tal forma que los resultados no pueden ser peores: sabotajes sistemáticos y diarios al sistema de abasto de gasolina y gas del país. Serios desabastos que están afectando economías estatales y que podría adelantar la desaceleración económica mundial que se vislumbra para 2020, que podría afectar aún más el bienestar de las comunidades que viven del huachicoleo, sin una clara solución a corto plazo con un impacto a mediano o largo plazo. Ahora, más que nunca, la población tendrá incentivos para robar gasolina. Antes el problema era la gasolina cara. Ahora hay escasez que se traduce en gasolina más cara. Lucha antihuachicol: ¿estrategia anticorrupción, antipobreza, seguridad pública o seguridad nacional? Hay que decidir.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.