Gobernabilidad, democracia y AMLO
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Gobernabilidad, democracia y AMLO

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Gobernabilidad, democracia y AMLO

14/11/2018
Actualización 14/11/2018 - 12:46

Ante 70 jefes de Estado y las cámaras del mundo entero, Emmanuel Macron, en una clara afrenta a Donald Trump, declara: “El patriotismo es exactamente lo contrario del nacionalismo”. Qué ironía que el presidente francés usara la conmemoración del Centenario del Armisticio, cuando termina la I Guerra Mundial, para reclamarle al presidente estadounidense sobre su posicionamiento a favor de un nacionalismo excluyente. Política que está promoviendo que Estados Unidos se aísle más del resto del mundo, que deje de jugar un papel protagónico en los problemas y conflictos que afectan la humanidad, y que reduce el papel de esa nación a proteger intereses económicos a corto plazo. Pero también el nacionalismo excluyente que promueve Trump no sólo es un problema para el mundo, es un problema para Estados Unidos: esta política está dividiendo a los estadounidenses entre buenos y malos, ricos y pobres, hombres y mujeres, blancos, negros, cafés y amarillos.

Las políticas de Trump, en cualquier otro país, estarían promoviendo literalmente ingobernabilidad y desestabilidad económica. Esto no ha sucedido en EU. Por ahora. Pero el dividir y asegurar el poder respondiendo a las fobias y necesidades de ciertas partes de la población estadounidense, en este momento le darían el apoyo suficiente, que algunos piensan, podría permitir su reelección en 2020. La 'política de identidad' permitió que Trump ganara las elecciones, que pueda seguir gobernando a pesar de todos los cuestionamientos en su contra, y podría asegurar su reelección.

¿Andrés Manuel López Obrador usará la 'política de identidad' para mantener el apoyo de la población, o pronto veremos un AMLO más conciliador hacia los opositores para asegurar la gobernabilidad, aun en los momentos difíciles que podría enfrentar México?

Por lo menos, como presidente electo, no ha tomado pasos, ni siquiera ha hecho acercamiento a posibles opositores de su gobierno. Y no lo ha necesitado, porque en general ha tenido una extraordinaria capacidad de someter, ignorar, o por lo menos callar a la oposición.

Y tal vez son tan dramáticos los cambios que quiere implementar, que la estrategia de usar su luna de miel política incluye pisar muchos callos y después negociar. Un poco la estrategia de Trump, quien denuncia, denigra, ofende y después negocia.

Pero este estilo de negociación tiene un alto costo. Porque, aunque moviliza, también crea inestabilidad, caos y división.

Al ir madurando la democracia, la base de la estabilidad y gobernabilidad, dependía en gran parte de la credibilidad del gobernante para buscar soluciones a los grandes problemas que aquejan a la población, además de buscar crear consenso y unidad en estas soluciones. Por eso la importancia de crear instituciones fuertes, dentro y fuera del gobierno, pesos y contrapesos y Estado de derecho para que no abusen los gobernantes y los más poderosos.

Consensos, negociaciones y credibilidad en las instituciones es el pegamento que mantiene las democracias a flote, especialmente una democracia como la mexicana.

Porque de no existir los consensos, negociaciones y credibilidad en las instituciones, la gobernabilidad del país se reduce al uso y abuso de la fuerza para mantenerse en el poder.

Pero usar la insatisfacción de la población para dividir y movilizar políticamente es peligroso. Y es un fenómeno mundial. Francis Fukuyama escribe un largo ensayo en la última edición de Foreign Affairs, titulado 'En contra de la política de identidad. La nuevas tribus y la crisis de las democracias', donde subraya cómo “grupos llegan a creer que su identidad, ya sea nacionalidad, religiosa, étnica, sexual, género, entre otras, no está recibiendo el reconocimiento adecuado… Y estas demandas han llevado a reacciones de otros grupos, quienes sienten una pérdida de estatus y un sentimiento de dislocación…”. Fukuyama hace un llamado a las democracias liberales a buscar mecanismos para resolver estas diferencias, o enfrentarán conflictos constantes.

Como comenté antes, la gobernabilidad en una democracia es verdaderamente efímera, y un porcentaje de la población le apostó a López Obrador para responder a sus necesidades y tener la esperanza de que su vida será mejor. Pero también, de no tener respuesta pronto, con las expectativas tan altas, las tentaciones de AMLO será exculparse y de acusar a los ricos, a los empresarios, a la clase media, a la burocracia, a los expresidentes, a los extranjeros, a la Iglesia, a los medios de comunicación, a los del norte… a todos.

La pregunta de nuevo es: ¿AMLO busca usar 'la política de identidad' para asegurar el poder para él y su partido por 10 o 20 años? O abrirá la puerta a la conciliación al ir concluyendo su luna de miel política… Y viendo cómo se manejó el proceso de transición, una de miel que durara poco.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.