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Cómo tirar a un presidente

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Cómo tirar a un presidente

20/11/2019
columnista
Ana María Salazar
Análisis sin Fronteras

Hace un poco más de un mes plasmé en este espacio, algunas de las lecciones aprendidas que podrían retomar de Donald Trump algunos de los gobernantes autoritarios que buscan mantenerse en el poder.

Y es que, si algo hemos aprendido de los gobiernos autoritarios es la necesidad de usar su popularidad para buscar reformas constitucionales o legislativas o abuso de las instituciones para mantenerse como gobernantes. No lo apuestan a fortalecer las instituciones o su partido para asegurar la continuidad de su propuesta política –o el nuevo régimen, como diría el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Trump sabe que su reelección depende de que destruya a aquellos que lo cuestionan y las cortes que se interpongan en su camino.

Trump busca reelegirse asegurando dividir el país. Y sobre todo cuestionar –ofender– a la oposición, confundir y ofuscar.

Pero el presidente Trump tiene un serio problema legal. Si no es reelecto, seguramente él y sus hijos, y muchas de las personas que lo rodean, enfrentarán varios procesos legales. Podrían algunos de los Trump acabar en la cárcel. Por eso le urge ser reelecto, a toda costa.

Y aunque asumimos que el juicio político en su contra terminará con una serie de acusaciones que vienen de la cámara baja (conocidos como articles of impeachment) y que será juzgado, absuelto y no será destituido por el Senado, hay varios escenarios difíciles de anticipar que podrían dar una sorpresa. La verdad es que, a un año de las elecciones en Estados Unidos, no sabemos quién será el siguiente presidente.

Veamos los diferentes escenarios.

Primero. El Senado no condena al presidente Trump y no es destituido. Trump busca su reelección y gana. Serían cuatro años más de locura e inestabilidad. La única esperanza de Estados Unidos sería que los demócratas mantuvieran control sobre el Congreso y con suerte toman control sobre el Senado. El mundo no se acaba en este escenario, pero… híjole, si fueran cuatro largos años.

Es uno de los posibles escenarios, pero depende en gran parte de quién sea el candidato por parte de los demócratas, y que este partido pueda unir a la izquierda estadounidense bajo la bandera de “fuera Trump”. Y esto no será fácil. Especialmente ante la posibilidad de que el candidato que iba en la delantera, Joe Biden, siga debilitándose ante las acusaciones de que su hijo, Hunter, está involucrado en actos de corrupción en Ucrania.

Pero…. hay otro escenario en donde el candidato o candidata no es Joe. En donde surge sorpresivamente un candidato o candidata que une al partido y que puede ganar a Trump.

En esta situación, Trump tiene una difícil decisión: ante la posibilidad de perder, tendría que asegurar que no enfrentará cárcel como varios de sus asesores. Para esto, tendría que renunciar y buscar un perdón presidencial del presidente interino –que probablemente sería Pence. Pero, obviamente el problema es que no podrían perdonar al presidente y su familia si enfrentan procesos penales en cortes estatales en Nueva York. Obviamente, al vicepresidente Pence, que probablemente se convertiría en el candidato sustituto para los republicanos, no le gustará la idea de tener que perdonar a Trump. Jamás sería electo.

El otro escenario serio es que Donald Trump pierde y se rehúsa a aceptar que perdió, donde asegura que hubo un golpe de Estado, habría una crisis constitucional. Podría ser la Corte de Trump, o legisladores ‘Trumpeanos’ los que definan el futuro de la democracia estadounidense. ¿Se imaginan el Secret Service entrando a la alcoba de Trump y sacándolo a fuerza de la Casa Blanca? Obviamente este escenario jamás se ha vivido en Estados Unidos.

Pero recordemos que estamos en el mundo según Trump.

Otro escenario que, hasta hace poco, parecería completamente descabellado, pero no imposible sería que el vicepresidente y parte del gabinete invocaran la enmienda 25 de la constitución.

No sería la primera vez que alguien (anónimo) mencionara que había consideraciones de buscar la destitución del presidente declarándolo incapaz de gobernar. Lo reemplazaría el vicepresidente Pence. De nuevo, probablemente se desataría una crisis constitucional, ya que nunca se ha usado para desplazar permanentemente a un presidente en funciones. Pero ante decisiones que tome Trump y que pongan en riesgo la vida de millones de estadounidenses, de plano podría haber una paliza electoral por las locuras del republicano, donde lo imposible podría ser tentador para Pence, que podría buscar disfrutar, aunque sea por algunos meses, el título de presidente.

De nuevo, poco factible, pero no se puede desechar en el mundo de Trump.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.