Cómo perder sin sudar en el intento
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Cómo perder sin sudar en el intento

05/02/2020
Actualización 05/02/2020 - 14:39
columnista
Ana María Salazar
Análisis sin Fronteras

Los partidos y el electorado en México deben de ponerle mucha atención a cómo se está desarrollando el proceso electoral en el país vecino. En especial, esta semana hubo muchas lecciones de cómo perder una elección sin sudar en el intento.

Para los que intentan, de nuevo, seguir el proceso electoral en Estados Unidos, para anticipar las probabilidades de que sea reelecto el presidente Donald Trump, estoy a punto de decirles que casi es un hecho de que repetirá su mandato. (¡Ojalá que la lengua se me haga chicharrón!)

Por el manejo que le dieron los demócratas a las asambleas (caucuses) de Iowa esta semana, casi casi casi parecería un hecho de que el candidato demócrata va a perder el 3 de noviembre. No porque el presidente Donald Trump haya hecho un extraordinario trabajo como mandatario. Por lo menos la mitad de los estadounidenses piensan que ha sido desastroso.

Pero el problema siempre ha sido, al igual que las elecciones en 2016, el sistema partidista. Los republicanos y los demócratas tienen que compartir la culpa de que Trump sea presidente.

En teoría, en una democracia funcional, los partidos deben de ser los guardianes (gatekeepers) para asegurar que no sean candidatos aquellos individuos que representan visiones extremistas, que promueven violencia y divisiones, o sus propios intereses y no gobernabilidad.

También hay que decirlo, los partidos de la oposición, en una democracia, juegan un papel fundamental en unificar todos aquellos ciudadanos que buscan hacer un cambio de régimen, en una forma democrática y pacífica. Deberían de buscar unificar a todas aquellas voces, bajo un paraguas de diferencias políticas, pero con una visión de buscar un cambio de régimen.

Pero en este momento Donald Trump literalmente secuestró al Partido Republicano, ahora el partido trumpiano, y que no representa los valores tradicionales de ese partido. En el caso del Partido Demócrata, especialmente después de la debacle en Iowa esta semana, más que unificar al partido de la oposición, surgen verdaderamente fuertes cuestionamientos de la viabilidad de cualquiera que quedase como candidato por parte de los demócratas: el proceso interno de selección de candidatos perdió credibilidad y en lugar de unir al partido, los está dividiendo aún más.

El objetivo principal de los demócratas debería de ser asegurar un candidato que pueda ganarle a Trump. Pero en este momento los hinchas de Bernie Sanders seguramente no votarán a favor de cualquier otro candidato que no sea el senador de Vermont. En parte los que apoyan a Sanders subrayarán que el Partido Demócrata saboteó su candidatura por ser demasiado radical.

Recordemos que él se autodenomina como socialista, su luna de miel fue en Rusia en 1988 y apoya una propuesta de salud universal, que simple y llanamente es inviable.

Va a ser difícil para los demócratas unificar al partido lo suficiente para asegurar que salgan a votar por un candidato como Sanders. Será imposible que puedan convencer a los electores independientes, que podrían jugar un papel fundamental en este proceso electoral, para definir quién será el siguiente presidente de Estados Unidos.

Y podríamos especular que Sanders y sus seguidores probablemente preferirían que Trump sea reelecto, a que otro demócrata moderado ganara las elecciones.

Especialmente difícil sería para el ala liberal del Partido Demócrata que un candidato como Mike Bloomberg, exalcalde de Nueva York por 12 años, quedara como candidato. Y por más que se argumente que Donald Trump teme la candidatura de este neoyorquino multibillonario, el problema que enfrentará Bloomberg es parte de la base demócrata.

También hay que subrayar que, además, está en juego la Cámara baja y una tercera parte del Senado. Los demócratas también tienen como objetivo tomar el Senado y mantener bajo su control el Congreso. Y quien sea el candidato también define si podrán los demócratas por lo menos poner un muro legislativo a Donald Trump en el caso de ser reelecto.

¿Será Joe Biden, el moderado? ¿Será Bernie Sander, el radical? ¿O será Mike Bloomberg el candidato sorpresa?

Oposición dividida por visiones que no coinciden bajo un partido, un proceso interno de selección de candidato que divide en lugar de unificar y candidatos que no convencen.

Y, sobre todo, no tener un candidato que convenza de que es mejor estar unidos que divididos ante un personaje como Donald Trump. Tiene unido su partido, tiene recursos y resultados que cacarea, aunque se argumente sobre los daños catastróficos para Estados Unidos como potencial mundial.

Muchas lecciones que aprender de los vecinos del norte.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.