2024 (primera entrega)
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

2024 (primera entrega)

COMPARTIR

···
menu-trigger

2024 (primera entrega)

04/12/2019
Actualización 04/12/2019 - 14:32

#Méxicoenllamas llevaba semanas como trending topic en 2024. Pero la realidad era que tenía poco efecto en cambiar la percepción de los electores, que enfrentaban la imposible tarea de votar por un presidente en medio de una crisis humanitaria que muchos historiadores aseguraban que se asemejaba a lo que vivió México hacía 100 años, al terminar la violencia vinculada a la Revolución de 1910.

Sí, Andrés Manuel López Obrador había propiciado la cuarta transformación, pero nunca anticipó o quiso reconocer que en México ninguna transformación –Independencia, Reforma, Revolución– sucedió sin un impacto catastrófico en la población.

#Méxicoenllamas en Twitter afectaba poco el proceso electoral de 2024, ya que la forma en que las granjas de trolls y los bots manosearon Twitter fue tal que para las elecciones de 2024 la red social como plataforma estaba completamente desacreditado. Y ni hablar de los medios de comunicación tradicionales. Aunque las frecuencias de radio y TV continuaban transmitiendo mensajes políticos, su impacto era reducido. AMLO se aseguró de eso cuestionando a diario lo que él llamaba fake news.

Pero eso no detuvo que la mayoría de la población evaluara a la cuarta transformación como uno de los fracasos históricos de México. Entonces, como sucede en estas situaciones de crisis, el pueblo “noble” desarrolló su propia opinión –percepción– sobre López Obrador y su administración basándose en la experiencia diaria de los electores: desempleo, violencia e ingobernabilidad en un porcentaje alarmante del territorio nacional –especialmente en el sur del país. Los medios fifís o chairos no podían competir con la realidad que vivía la mayoría de la población a diario.

¿Por qué el sur del país? Porque a pesar de que Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Quintana Roo y los grupos indígenas eran políticamente la prioridad de la cuarta transformación, AMLO y su equipo nunca quisieron reconocer que la violencia e ingobernabilidad no se curan con transferencias directas o grandes proyectos de infraestructura. El sur, al igual que el resto de México, urgentemente necesitaba instituciones para detonar desarrollo, Estado de derecho y una estrategia para reducir y controlar organizaciones criminales –consideradas entre las más violentas del mundo (hablaremos de esto en otra entrega).

Durante los primeros 365 días de gobierno, continuaba la esperanza, la expectativa, de que AMLO no sería el populista autoritario que vaticinaron analistas y expertos, quienes sí habían escuchado su discurso durante la campaña, durante los seis años como jefe de Gobierno de la capital, y sus años como político-activista: los últimos 30 años no cambiaron a AMLO, a pesar que el mundo y México sí habían cambiado. Los que pensaban que los pesos y contrapesos de una democracia y de la economía globalizada, además del vecindario con Estados Unidos, cambiarían la posición del presidente AMLO con la esperanza que fuera un gobernante de la izquierda moderna.

No fue así. Y fue ese discurso del primer año donde se consolidó la realidad de lo que sería el sexenio de la 4T: un desastre.

Y la debacle inició en 2020 cuando, ante la crisis mundial, la cuarta transformación no tenía ni las herramientas financieras y económicas, ni las instituciones de seguridad y justicia, tampoco los funcionarios ni la experiencia para enfrentar lo que sería el año más difícil para México.

Los principios de la 4T –austeridad republicana, combate a la corrupción y primero los pobres– dejaron al país débil sin posibilidades de enfrentar la crisis de 2020.

¿Cómo fue que el presidente más poderoso que había tenido México en la era moderna –gracia a la credibilidad y la esperanza de un pueblo agredido por décadas de malos gobiernos– resultó ser uno de los presidentes más incapaces? Esto lo analizaremos en la siguiente entrega.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.