Tú le crees, yo tampoco
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Tú le crees, yo tampoco

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Tú le crees, yo tampoco

03/07/2019

La credibilidad es uno de los activos más relevantes de un político, que con otros atributos como la honestidad, la capacidad y la honorabilidad, así como la propia trayectoria, van amalgamando a un líder.

Las conferencias de prensa matutinas son el eje de comunicación y de estrategia política del Presidente, que le permiten fijar la agenda de coyuntura, aunque con las horas se vaya diluyendo, máxime si las aseveraciones vertidas son mentiras o afirmaciones no verdaderas.

Diversas empresas y colectivos llevan el registro diario de esas falacias presidenciales, que a la fecha se mantienen en un promedio de 48 diarias, así es, no es una o dos, son un gran cúmulo de datos que son sacados de la chistera de un prestidigitador de la palabra y el embuste.

De acuerdo con los datos de SPIN-Taller de Comunicación Política, que dirige Luis Estrada, a la fecha se han realizado 146 conferencias matutinas, en las que han aumentado las afirmaciones no verdaderas, llegando a 48 diarias, 240 semanales y con una proyección anual de 12 mil 480.

Resulta inconcebible que alguien que reclama a sus detractores que esgriman argumentos veraces, se encargue de destruir su propio discurso con falsedades y datos erróneos.

López Obrador confía demasiado en su memoria y capacidad retentiva; sin embargo, ello da pie a que se equivoque o de plano diga cada sandez, como la relacionada con la creación de México o los kilos de sargazo que a diario llegan a la Riviera Maya.

Luis Estrada apunta que las afirmaciones no verdaderas se dividen en cuatro categorías: promesas, aquellas que son posibilidades pero no son verdaderas porque hay que esperar para que se hagan realidad, dice 11 en promedio; y los compromisos, aquellos que se asegura entregar la información, son cuatro por conferencia.

Están las falseables, aquellas que no se pueden confirmar su veracidad, dice 26 por evento, y las falsas, las que se demuestra que miente, siete por día.

Siete afirmaciones del Presidente que son falaces, que no tienen elemento alguno de verdad, pero él las dice porque sabe que a sus adeptos no les interesa saber si son o no mentiras.

Una explicación a la aceptación de la mentira de un político es precisamente la lealtad, cuando los electores se enfrentan, ante la urna, entre elegir aceptar la mentira o traicionar, prefiere la primera opción.

Este fue el resultado de una serie de experimentos que realizaron el profesor Cornell Angus Hildreth y sus colegas para explorar la tensión entre la honestidad y la lealtad.

En su mensaje del 1 de julio afirmó que ha cumplido con 78 de 100 compromisos; sin embargo, al pasarlos por el rasero de los datos duros, resulta que son afirmaciones no verdaderas.

Un ejemplo, dice que se acabó la corrupción porque él no es corrupto, o que “ya se detuvo la caída en la producción del petróleo”. En mayo, Pemex produjo un millón 663 mil barriles, la más baja desde diciembre de 1979.

“En los primeros cinco meses se crearon más de 300 mil empleos”. Afirmación correcta, pero es 38 por ciento menor que en igual periodo del año anterior. Sólo en mayo se crearon tres mil 983 empleos formales, un desplome de 88 por ciento respecto al año pasado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.