Tránsfugas políticos
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Tránsfugas políticos

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Tránsfugas políticos

09/02/2018
Actualización 09/02/2018 - 12:22

Desdibujado por malas administraciones y el desprendimiento de importantes liderazgos, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) enfrentará el mayor reto de su historia en el proceso electoral para elegir jefe de Gobierno, senadores, diputados federales y locales, además de las alcaldías de la ciudad de México.

Desde 1997, el PRD hizo del otrora Distrito Federal su principal bastión político. Después de veinte años en el gobierno su fuerza se ha ido diluyendo por el desgaste natural que significa gobernar a aproximadamente nueve millones de habitantes, la segunda entidad más poblada del país. La primera es el Estado de México.

Con el paso del tiempo, las malas administraciones de Andrés Manuel López Obrador y Rosario Robles, por citar algunos, y varios de sus jefes delegacionales, así como las rencillas internas originadas por las 'tribus', además de las ambiciones políticas de sus dirigentes, dieron como resultado un PRD disminuido y una pérdida importante del dominio territorial.

En la antesala de su destino, el PRD de la Ciudad de México sigue batallando por contener el desprendimiento de varios de sus cuadros, quienes al no ser tomados en cuenta por la dirigencia local, muchos han puesto en suerte el destino de este partido y ya participan desde otras opciones partidistas, por lo que sin duda, para los del sol azteca, será más difícil retener no sólo las demarcaciones donde son gobierno, sino otros cargos de representación popular.

La opción ganadora que representa Morena atrae cada vez a más perredistas resentidos por la alianza electoral que hizo su partido y Alejandra Barrales con el PAN.

Recientemente vimos cómo el precandidato priista, Mikel Arriola, anunciaba la incorporación de varios personajes que en la filas del perredismo ganaron cargos de elección para delegados, diputados federales y locales, como es el caso de Leticia Quezada o Miguel Ángel Cámara. Lo anterior se puede interpretar como una recomposición de las fuerzas políticas que operan en la CDMX, pero también habla de un pragmatismo que se impone a la identidad ideológica.

En la capital del país, la manzana de la discordia la representan Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón, las cuales, en conjunto, tienen un padrón de más de tres millones de electores de un total de 7.5 millones, por lo que al ganar estas jurisdicciones colocaría a cualquier sigla partidista en inmejorable posición para llevarse la jefatura de Gobierno. Con ese objetivo, todos los partidos políticos cabildean por separado para sumar a liderazgos locales, que por su trabajo de gestoría entre la base territorial, pueden ser factor real para inclinar la balanza a su favor.

Así ocurre, por ejemplo, en Álvaro Obregón, donde Leticia Robles Colín, exdelegada y respetada por ser una líder nata en la comunidad, está a punto de abandonar la causa del sol azteca, aunque despacha formalmente en Encuentro Social, lo que en principio dificulta mantener no sólo la jefatura delegacional, sino hasta la representación en el Senado de la República, cargo al que por cierto, paradójicamente, aspira el perredista y actual presidente de la Comisión de Gobierno de la ALDF, Leonel Luna Estrada.

Fuentes bien enteradas aseguran que Dante Delgado, líder nacional de Movimiento Ciudadano, negocia para las filas frentistas la incorporación de Robles Colín, pero también lo hace la senadora Layda Sansores, segura candidata de Morena para jefa delegacional, y hasta el PRI citadino.

El cambio de camiseta en algunos liderazgos no es exclusivo de la CDMX. Es un fenómeno que se está presentando en todo el país, y eso confirma que las ideologías han sido suplantadas por lo que en la política se conoce como pragmatismo, pero que en diversas partes se dice que es 'chapulineo', 'traición', 'pepena', y otros calificativos que se acumulen. Esa es la realidad de los partidos políticos y sus representantes. De hecho, las ideologías ya se fueron por el caño y ahora sólo predomina el chambismo, el mantener el hueso y el interés personal.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.