Trampa a la democracia
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Trampa a la democracia

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Trampa a la democracia

13/03/2019
Actualización 13/03/2019 - 14:05

La reducción al financiamiento de los partidos políticos es una zanahoria difícil de rehuir, sobre todo ahora que prevalece la luna de miel entre la mayoría de la ciudadanía y el partido en el poder; sin embargo, la propuesta busca en el fondo aniquilar a los partidos de oposición que, menguados por los resultados alcanzados el pasado 1 de julio y en sus prerrogativas, reman a contracorriente por reposicionarse.

Si llegaran a quitarle la mitad de su financiamiento público a los partidos políticos, como lo proponen los diputados de Morena, Mario Delgado y Tatiana Clouthier, se estaría dando un severo golpe a la democracia, que requiere que el electorado tenga diversas opciones políticas que lo representen en el Congreso y en todos los puestos de elección popular, incluyendo, por supuesto, la presidencia de la República.

En ese contexto surge una pregunta: ¿Esa iniciativa hubiera sido posible si Morena, antes PRD, no hubiera ganado la elección presidencial en julio de 2018? O bien, si el nuevo partido en el poder hubiera aceptado esa propuesta de parte del PRI o del PAN cuando estos eran gobierno.

Al argumentar la referida iniciativa de ley, con la idea de reformar el artículo 41 de la Constitución, la diputada Tatiana Clouthier expresó que en ella se recoge una demanda añeja de la sociedad mexicana, en el sentido de disminuir el dinero público que se destina a los partidos políticos. “El veredicto de las urnas el 1 de julio fue claro, el sistema de partidos fundado en la década de 1990 ha caducado”, enfatizó.

Hasta hace unos años, la lucha de los partidos de oposición era obtener el reconocimiento en el sistema de partidos, a fin de hacerse llegar recursos para poder estar en la competencia partidista en tiempos electorales y darle voz a los sin voz, pero con la propuesta de Morena hay quienes opinan que, en caso de que esa iniciativa prospere, es una trampa a la democracia, ya que sería como meterse a un túnel del tiempo y de pronto encontrarse en la era de los gobiernos de un solo partido, donde la participación de los partidos de oposición era meramente de carácter testimonial. Será como regresar a aquellos tiempos donde las minorías políticas se manifiestan, pero no cuentan sus votos a la hora de la toma de decisiones.

El hartazgo hacia los partidos es evidente, y si de reducir recursos a partidos se trata, no estaría mal que los legisladores retomaran la idea de Pedro Kumamoto, exdiputado local en Jalisco, quien en junio de 2017 presentó al Congreso estatal una iniciativa que plantea que los dineros que reciben los partidos sean por el número de votos que obtienen.

Dice Tatiana Clouthier que la aprobación de la propuesta de Morena sería “una manera de obligar a los partidos y a sus dirigentes a que volteen de nuevo a ver a la ciudadanía y a la militancia”, lo cual suena bien. Pero si ese fuera el objetivo y no sólo quitar al partido opositor de su camino, hubiera sido más creíble la propuesta si en ella se hubiese retomado la Ley Kumamoto, también conocida como 'Sin voto no hay dinero', porque una propuesta así estaría obligando a los partidos a ganarse el voto, y su financiamiento sería acorde a los sufragios obtenidos por partido, lo que evitaría alianzas, donde el único interés es conservar el registro y sin importarles si con esa acción se traicionan ideales o militancia.

En 2018 la bolsa total de los partidos a nivel nacional ascendió a más de seis mil 500 millones de pesos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.