Todo para la CNTE y más
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Todo para la CNTE y más

22/03/2019

Por años, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha extorsionado al gobierno en turno con éxito relativo, aunque hubo administraciones, como la de Enrique Peña Nieto, en donde fue acotado su poder, al grado tal que varios de sus dirigentes terminaron recluidos en la cárcel y no precisamente por sus actividades docentes o políticas.

Ahora llega el gobierno de López Obrador, que enfrenta la disyuntiva de apoyar a quienes fueron sus aliados políticos en su largo periplo en búsqueda de la Presidencia, o de plano, con la fuerza del derecho y la razón, obligarlos a que acepten, tanto la nueva reforma educativa, como frenar sus marchas, plantones y manifestaciones que tanto daño le hacen a la economía, a los estudiantes del país y por ende que regresen a las aulas.

En este galimatías no hay medias tintas o nadar de muertito, simplemente se tienen que tomar, primero, decisiones políticas, y después, aplicar la ley.

No se puede permitir que se bloqueen las líneas ferroviarias en grave detrimento de los usuarios y de la economía, al tiempo de tenderles la mano para que sigan recobrando espacios que perdieron en el anterior sexenio.

No se puede aprobar el nuevo entramado legal educativo a modo de ellos, aunque por las últimas señales ocurridas en el Congreso, todo puede pasar.

Con la instrucción presidencial de buscar acuerdos a toda costa con la CNTE, se está poniendo en riesgo el futuro de la educación y la autonomía del Poder Ejecutivo.

Hay voces en la Cámara baja, como la de la presidenta de la Comisión de Educación, Adela Piña Bernal (Morena), que piden que los integrantes de la CNTE “nos digan exactamente qué es lo que no consideran correcto del dictamen”. Sólo le faltó a la diputada darles la llave del Palacio de San Lázaro.

En sumamente peligroso plegarse a los designios de una disidencia que, por antonomasia, es antisistémica.

Se puede decir que el dictamen que se pondrá a consideración del pleno, recoge y atiende las principales demandas y propuestas de magisterio, en su totalidad, y de la CNTE, en lo particular, pero insistimos, el tema no va sólo por allí, se trata de por lo menos crear un nuevo paradigma de la educación, en donde el vórtice no sean los alumnos, sino la CNTE.

La parte punitiva en la evaluación para la permanencia está zanjada en el dictamen de la reforma, también que los derechos laborales de los maestros queden en el apartado B del artículo 123 constitucional, y en lo que toca a promoción y reconocimiento en el artículo 3 constitucional. Al igual, la parte que corresponde al respeto y garantía de todos los derechos laborales del magisterio.

Si ahora se les concede todas sus peticiones, mañana habrá otras y así hasta que tomen el control de las instituciones educativas, presupuestarias y, claro, del sindicato que más agremiados tiene en América Latina, el SNTE.

Son ilusos aquellos que consideran que las manifestaciones de la CNTE se están realizando por una falta de información y por una desconfianza que se ha generado durante años, debido a que “han estado en jaque o sentido que sus derechos laborales han sido dañados”.

El fondo del problema no es la reforma educativa, es el acceder al poder que les permita manejar plazas, presupuesto, al SNTE, y con ello acceder a posiciones políticas de relevancia.

El Presidente de México debe ponderar el costo político, económico y educativo que representa tener como aliado a la CNTE, ya que, como se ha constatado, no hay llenadera con los deseos de la disidencia magisterial.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.