Toda crisis representa una oportunidad de progresar
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Toda crisis representa una oportunidad de progresar

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Toda crisis representa una oportunidad de progresar

01/04/2020
Actualización 01/04/2020 - 15:05

El petróleo mexicano es más barato que el litro de agua y por ello tuvo que bajar la gasolina, al igual que en 63 países que se ven beneficiados por la caída de los precios del energético en el mundo.

Si a lo anterior le sumamos los primeros efectos de la crisis causada por el Covid-19, pues no se requiere ser un economista avezado para vislumbrar lo que se avecina. De hecho el sector turismo con todas las actividades económicas que los rodean está padeciendo ya el embate del virus.

Como se sabe, toda crisis representa al mismo tiempo una oportunidad. Así lo señaló Albert Einstein: “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a las crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones”.

Esta máxima del genio de la física y gran filósofo encierra lo que los grandes de espíritu y emprendedores por naturaleza hacen cuando revienta la zona de confort en la que están.

Cierto, no hay gobierno capaz en México que permita alumbrar el camino en la noche más oscura. Es verdad que la crisis económica causada por el coronavirus no tiene antecedente alguno desde las guerras mundiales. También es una realidad que los combustibles fósiles han entrado en una debacle que en el mediano y largo plazos no se revertirá.

La terquedad del presidente de la República en mantener una política económica basada en la construcción de tres obras que no representan ningún beneficio al país -Dos Bocas, Santa Lucía y Tren Maya- y sí una onerosa carga que no aguantan las maltrechas finanzas públicas, así como tampoco soportan comprometer el 30 por ciento del presupuesto anual en gastos etiquetados para fondear los programas sociales, con tintes político asistenciales.

Y si a ello le sumamos la carga que representan los intereses de la deuda externa y las pensiones, entonces observamos que estamos jodidos y con nulas posibilidades de salir adelante mientras las cosas sigan así.

Por ello, en el ámbito político es irreversible la gran derrota que sufrirá López Obrador en los comicios del próximo año y más que resista lo que tanto promovió: la revocación de mandato en el año 2022.

Toda crisis conlleva una oportunidad dorada para cambiar las cosas y en estos momentos que al gobierno lo han rebasado por la derecha, la izquierda y por todos lados, pasándole por encima la misma sociedad, es momento de revalorar nuestras opciones en todos sentidos para no volver a hacer las cosas de la misma manera que en el pasado.

Hay que reinventarse en el ámbito de nuestras actividades productivas y también en buscar un nuevo capitán de la nación que asuma el control del barco que se hunde en estos momentos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.