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Sin vacunación, la semaforización es un espejismo

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Sin vacunación, la semaforización es un espejismo

15/02/2021
Actualización 15/02/2021 - 14:13

El regreso al semáforo con alerta naranja en la zona metropolitana de la CDMX es una ilusión que esconde el peligro que amenaza la vida de las personas por el contagio de Covid-19, mientras no se extienda la aplicación de vacunas de forma masiva e inmediata.

Observamos que por un lado, Claudia Sheinbaum y Alfredo del Mazo hacen esfuerzos para reactivar la economía de sus entidades, pero, por otro lado, el gobierno federal se empeña en seguir la ruta electoral en la aplicación del antígeno.

A partir de mañana, se supone que estarían iniciando el proceso de vacunación de adultos mayores de las alcaldías rurales de la capital del país, así como de las zonas marginadas en territorio nacional, medida que en nada sirve para abatir los contagios que prevalecen en las zonas con alta densidad poblacional.

Los gobernadores podrán decir misa, pero el gobierno de la autollamada 4T tiene la última palabra en, primero, comprar las vacunas que, como hemos observado, les ganaron los tiempos a un gobierno federal bisoño e inepto y que, por su fuera poco, no tiene el presupuesto suficiente para adquirir en las cantidades que se necesita el mejor antígeno que hay en el mercado.

Segundo, privilegiar la aplicación de la vacuna de forma generalizada y no con criterios electorales. No hay que olvidar que se conformaron brigadas médicas-electorales con el propósito de que la persona inoculada le quede bien claro que ese hecho fue “gracias a la generosidad del señor presidente”.

Tercero, evitar que la vacunación sea a cuentagotas, hacer lo contrario de ninguna manera garantiza que disminuyan el número de enfermos y muertos, de forma considerable.

Ante este escenario, pues resulta un espejismo que los jefes de gobierno de la capital del país y del Estado de México decidan abrir los negocios con actividades no esenciales, si el ritmo de vacunación no será tan rápido como se necesita y a grandes núcleos poblacionales.

Con lo que está haciendo el presidente López Obrador, es más probable que se regrese nuevamente al semáforo rojo a que se mantenga en naranja.

Además, existen otros elementos que aumentan los focos de infección en el Valle de México, como los nulos cuidados anti-Covid, con el uso del cubrebocas, en el comercio informal, el transporte público y un sinnúmero de servicios que ofrece el gobierno en sitios que se relajan las medidas de prevención.

La decisión del gobernador Alfredo del Mazo y Claudia Sheinbaum de abrir las operaciones de negocios con actividades no esenciales es acertada, toda vez que en ellos están garantizados mantener los estándares de protección en cuanto a protocolos de sanitización y ocupación de espacios de venta.

De hecho, el sector empresarial organizado ha solicitado que el gobierno de la Ciudad de México se comprometa a hacer lo propio con dichos protocolos de sanidad en las actividades del comercio informal, en el transporte y en el espacio público y con ello evitar de nueva cuenta, la emergencia sanitaria con gran número de contagios, altos niveles de ocupación hospitalaria y, lamentablemente, el alto índice de fallecimientos que signifique un nuevo cierre de la actividad económica.

La activación del semáforo naranja representa la oportunidad a que miles de empresas reabran sus negocios y con ello salvaguardar los empleos y reanudar el proceso de recuperación económica.

Por supuesto, el reto mayor es el de mantener el equilibrio entre preservar la salud y la vida de las personas, y salvaguardar las fuentes de empleo y avanzar en la reactivación económica; sin embargo, sin la aplicación masiva de vacunas en las zonas de mayor concentración de habitantes, pues resulta un espejismo volver a la 'nueva normalidad'.

Vacunas y más vacunas, sin efectos secundarios para la población y el uso obligatorio del cubrebocas, es lo que se requiere en estos momentos, lo demás tan solo son curitas para sanar a un enfermo terminal.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.