Retroceso grave en turismo
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Retroceso grave en turismo

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Retroceso grave en turismo

10/12/2018

Con la desaparición del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), Andrés Manuel López Obrador ha cometido otro error de graves consecuencias que impactará en el decremento de divisas, y sobre todo en el desarrollo regional y generación de empleos, toda vez que al mermar los flujos de visitantes del extranjero se inhibe la actividad turística en varios destinos del país que dependen exclusivamente de los visitantes.

Esto lo sabe Miguel Torruco, secretario de Turismo, ya que es un experto en el tema; sin embargo, antepuso los deseos del Presidente al de la propia industria turística.

Lo que usted diga señor Presidente, fue la consigna que predominó sobre lo que realmente le conviene al país.

Desde la creación del CPTM crecieron las divisas y los turistas internacionales, a grado tal que México es el sexto país más visitado del mundo y con inercia a seguir avanzando en el ranking mundial; sin embargo, con la decisión de cerrar el organismo encargado de promover el producto turístico mexicano en otras latitudes, pues se terminaron los tiempos de bonanza.

¿Sabrá López Obrador cuántos mexicanos laboran en este sector? ¿Tendrá conocimiento de que la llamada industria sin chimeneas es la que más rápido genera nuevos empleos y mejor pagados? Como respuesta sólo hay que mencionar que son 10 millones de mexicanos los que laboran en este sector.

Los turistas extranjeros no acuden solos a determinado destino, sino que muchas veces son impulsados por las campañas de publicidad o el marketing que despliega cada país en el mundo.

Las divisas generadas por este sector son de las más peleadas del mundo, son un billón 442 mil millones de dólares en el orbe, y después de la química y el petróleo es el tercer sector económico en el planeta. El mismo Estados Unidos compite contra México a la hora de promover sus destinos, incluso se valen de la guerra sucia al etiquetar a varias entidades nacionales como peligrosas.

Centroamérica y el Caribe también quieren su parte en el pastel e invierten toneladas de billetes verdes en marketing para jalar a esos consumidores exclusivos y a las grandes masas de consumidores.

De hecho, todos los países importantes como receptores de turismo tienen una entidad pública o con inversión mixta dedicada a la promoción turística. Desde Francia y España, hasta la misma China, esto sin dejar de mencionar a varios estados de la Unión Americana, que tienen un presupuesto considerable y que cada año va a la alza para atraer a los turistas.

Y qué hace nuestro país, cierra al CPTM, y los recursos con el que se fondeaba los van a usar en un proyecto que aún no tiene ni pies ni cabeza, como es el Tren Maya, que si acaso detonará el desarrollo regional del sureste, pero se condenarán a otros destinos del país a su extinción.

En la actualidad no hay un solo estado de la República que no reciba los beneficios que acarrea el pleno funcionamiento del CPTM, tanto por las campañas de publicidad y relaciones públicas que emprende en el mundo, como los propios programas cooperativos que representan un extraordinario ingreso a los destinos turísticos.

Uno de los fundadores del Consejo de Promoción Turística, Javier Vega Camargo, señaló que con este organismo se creó un círculo virtuoso en donde todos ganaban, principalmente aquellos mexicanos que en sus entidades no tienen otra forma de ganarse la vida.

La realidad, dice Vega, que antes del CPTM eran batallas perdidas buscar fondos públicos y recursos fiscales para la promoción turística, cuando hay otras necesidades más apremiantes en el país; por ellos se diseñó que al visitante extranjero se le cobrará un derecho, el llamado impuesto turístico, y con ello fondear las campañas de promoción de México.

Esta creativa solución permitió catapultar a esta actividad como una de las relevantes del sector productivo y económico del país. No se puede explicar el éxito del boom del producto turístico mexicano sin el CPTM.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.