Puebla, en el ojo del huracán
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Puebla, en el ojo del huracán

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Puebla, en el ojo del huracán

07/01/2019

La trágica muerte Martha Erika Alonso, gobernadora de Puebla, puso en evidencia, una vez más, el estado de descomposición que prevalece en el entorno electoral que se ha venido recrudeciendo con los comicios del pasado 1 de julio y que, con su desenlace, no terminaron las muertes de candidatos y servidores públicos electos, sino, al contrario, se mantiene la severa amenaza sobre la vida de aquellos que ganan una elección en las urnas.

Así es, ya no se obtienen las victorias en la arena político-electoral, ni siquiera en los tribunales, ahora es a punta de plomazos o de cuestionados accidentes aéreos.

Claro, todavía no hay resultados de las pesquisas en torno al desplome del helicóptero en el que perdió la vida el matrimonio Moreno Valle; sin embargo, el mismo Presidente de la República exacerbó aún más los ánimos de los dolientes al insultar a sus detractores, llamándolos mezquinos, neofascistas, ridículos y lacras.

“Había un ambiente que crearon los conservadores de siempre. No todos, pero sí una minoría que actúa de manera mezquina. La derecha, además de la hipocresía y de caracterizarse de ser muy corruptos, son muy mezquinos”, declaró el tabasqueño.

Lo que menos necesita el país es un Presidente que divida a los mexicanos y desde el periodo de transición, AMLO se ha dedicado a dividirnos, a polarizar los ánimos de una sociedad que quiere dejar atrás las elecciones y trabajar por un país mejor.

El duelo que padecen los poblanos merece respeto, tanto del Presidente de México como de los propios líderes de partidos y eventuales candidatos. No es con belicosas declaraciones que se van a apaciguar los ánimos, vaya, ni siquiera con la insistencia de que Luis Miguel Barbosa vuelva a ser el candidato de Morena a la gubernatura, lo que se requiere es altura de miras y dejar atrás las diferencias políticas que han generado graves lesiones a la paz social y a la gobernabilidad.

Un político debe ser digno siempre, en la victoria como en la derrota, y por encima de todas las cosas debe tener honor, nobleza, buena crianza y valores, y en el caso de la nueva participación en la contienda por la gubernatura poblana de Miguel Barbosa, sólo conseguiría el fracaso y la condena de los poblanos.

Son demasiadas las afrentas padecidas por los panistas poblanos y sus aliados; más allá de la elección extraordinaria, se requiere madurez, tolerancia y respeto de todos los actores políticos para recuperar la normalidad democrática de la entidad.

Barbosa debe entender que debe sustraerse de la contienda electoral, si es que de verdad le importa Puebla y su gente.

El accidente aéreo que privó de la vida a Martha Erika Alonso y a Rafael Moreno Valle abrieron las heridas de un México bronco que está a punto de entrar en ebullición, no sólo por el acto en sí, sino también por la irresponsabilidad y la temeridad de declaraciones de todos los órdenes de gobierno y partidos políticos.

México requiere, hoy más que nunca, líderes morales que zanjen las diferencias que todos los días se construyen por un discurso oficial que se ha oído en otras latitudes del continente y que sólo ha servido para mantener en el poder a la clase gobernante y para profundizar la pobreza extrema y la marginación.

Ya quedó establecido desde el primer día de este sexenio cuál es la estrategia política de manipulación y control del poder, ahora resta a la sociedad en su conjunto trabajar para evitar caer en ese juego perverso del encono, la polarización y la violencia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.