Pacto con criminales, ominoso para el país
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Pacto con criminales, ominoso para el país

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Pacto con criminales, ominoso para el país

16/11/2018
Actualización 16/11/2018 - 14:08

A López Obrador y su ingenuo titular de la SSP, Alfonso Durazo, habría que recordarles la fábula que se le atribuye a Esopo. En ella, un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río prometiendo no hacerle ningún daño, pues si lo hacía, ambos morirían ahogadas. La rana accede subiéndole a las espaldas, pero cuando están a la mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Esta le pregunta incrédula: ¿cómo has hecho esto?, ahora los dos moriremos. Ante lo que el escorpión responde: no he tenido elección, es mi naturaleza.

El Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024 presentado por López Obrador tiene como vórtice de las acciones el otorgar amnistía a criminales, sin importar que éstos hayan violentado el Estado de derecho. Es decir, podrán ser perdonados asesinos, narcotraficantes y secuestradores, en aras de recobrar la tan anhelada seguridad pública.

El próximo secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, señaló que se debe considerar y debatir la necesidad de emprender un proceso de pacificación con organizaciones delictivas, a lo que las mismas víctimas, muchas de ellas participaron en los Foros de Pacificación que se realizaron en diversas ciudades del país, se mostraron indignadas y burladas por dicha propuesta, que desde entonces ya se planteaba como la panacea para combatir el mayor flagelo que azota al país.

Durazo apuntó que se buscarán leyes a modo para poner fin a las confrontaciones armadas y posibilitar el desarme y la entrega de los infractores, garantizando sus derechos. Sólo le faltó decir que las víctimas deben pedir perdón a los delincuentes.

Cierto que las estrategias aplicadas por los últimos gobiernos, particularmente los de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, fracasaron rotundamente en el tema; sin embargo, se establecieron políticas públicas y se crearon nuevas instituciones que han sido de gran utilidad, como la propia Policía Federal, al tiempo que se sacó a los militares y marinos de los cuarteles.

Precisamente esa medida, que según el candidato López Obrador fustigó hasta el cansancio por la militarización del país, ahora él la eleva exponencialmente como eje toral de su plan nacional, a lo que, en los hechos, continúa con las acciones que implementaron sus antecesores.

Es decir, AMLO sólo aporta al combate a la delincuencia la amnistía a criminales, porque lo demás, denominado ahora de manera diferente, es la misma gata revolcada. El Ejército y la Marina como puntas de lanza, lo otro, como erradicar la corrupción y vigilar con lupa a los funcionarios y las políticas públicas de política social, así como el respeto a los derechos humanos, es una réplica inacabada de otros modelos que ya se presentaron, por lo menos en los últimos dos lustros.

El llamado del mesías a regenerar la ética de la sociedad a través de una constitución moral, además de prometer un gobierno austero, honesto, incluyente y respetuoso de las libertades, son como las llamadas a misa.

En el periodo de transición, el presidente electo se ha ocupado de hacer exactamente lo contrario a lo que con tanta elocuencia dice. No fue honesto al violar la Constitución con la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Engañó con una consulta popular, amañada y sesgada. No respeto las libertades y los derechos fundamentales de los afectados, principalmente de los miles de trabajadores que perdieron sus empleos.

Una cosa es la retahíla de buenos deseos y otra la cruenta realidad.

En el mayor problema que tiene el país, tan sólo se ofrece un remedo de estrategia con una novedad, la amnistía a criminales, quienes por cierto no van respetar los acuerdos, ya lo llevan en su naturaleza.

No hay nadie que en su sano juicio o que se gane la vida honestamente, desee que a Andrés Manuel López Obrador le vaya mal en el combate a la inseguridad pública, pero de eso a que nos quieran dorar la píldora con modelos que no han tenido éxito en ningún país del mundo, es totalmente diferente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.