Desde San Lázaro

La ausencia en las mañaneras, prueba real de su enfermedad

No se sostiene la tesis de que el presidente se ausentó voluntariamente de las mañaneras para tender, con su estado de salud, otra cortina de humo para ocultar el desabasto de vacunas.

La realidad en torno a la adquisición de vacunas anti-Covid por parte del gobierno mexicano ya trascendió a la opinión pública. Fuera de los antígenos 'patito' de Rusia, a la fecha solo hay fuegos artificiales, mientras que los muertos se multiplican a niveles escandalosos en el ranking de países con más fallecidos en el mundo.

No tenemos vacunas y cuando lleguen las rusas, aún con la autorización de Cofepris, aunque la Organización Mundial de la Salud la niegue, vendrán otras series de complicaciones para los usuarios de ellas, que, sin duda, tendrán serias complicaciones para su salud.

En medio de todo este desastre, está el presidente López Obrador enfermo y sin conocer a ciencia cierta cuál es su estado real de salud, aunque no se necesita ser su médico de cabecera para vislumbrar qué tanto está convaleciente, toda vez que al ser un adulto mayor, 67 años, con hipertensión y antecedentes de infarto, amén de la una carga de estrés inusitada, pues los pronósticos son delicados.

La duda sobre de la enfermedad del presidente es producto de las innumerables mentiras que ha dicho y, por ende, su credibilidad está en entredicho. Sin embargo, hay un elemento, de todo el rompecabezas, que confirma que sí está enfermo; su ausencia de las mañaneras que son origen y destino de su peculiar forma de gobernar.

Desde el púlpito del Salón Tesorería de su nueva casa, AMLO pretende plasmar una realidad diferente a la que se enfrentan los mexicanos y que los datos duros desmienten.

Podrá prescindir de otras fórmulas para gobernar, pero de la mañanera nunca.

Por ello, es impensable que el presidente se haya ausentado voluntariamente de las mañaneras, en aras de tender, con su estado de salud, otra cortina de humo para ocultar el desabasto de la vacuna anti-Covid.

No es posible sostener esta tesis, entonces, en realidad, sí está afectado físicamente.

En esa lógica, resulta preocupante que se desconozca a ciencia cierta sobre su auténtico estado de salud. Lo que se sabe son ocurrencias y posicionamientos de la titular de Segob, Olga Sánchez, el vocero presidencial, Jesús Ramírez y el doctor López, subsecretario de Salud; contradictorios y sin sustento real.

Todavía se recuerda en tiempos de Enrique Peña Nieto, más o menos a partir de su tercer año de gobierno, que el candidato presidencial López Obrador, con dardos venenosos difundidos a través de sus redes sociales, advertía sobre el precario estado de salud del presidente y por ello, exigía "respetuosamente" su renuncia.

Ahora que realmente está enfermo el jefe del Ejecutivo federal y su estado de salud es incierto, ¿procedería la dimisión, tal como él la solicitó a su antecesor?

En cualquiera de los casos, por el bien de la Nación debería darse un detalle pormenorizado, por profesionales de la salud, sobre el estado real de salud del presidente de México. Y conste que no se trata de un asunto de curiosidad insana, sino de conocer realmente que sucede, en virtud de su alta investidura.

El horno no está para bollos y por esta lógica es menester conocer la realidad aunque ésta sea preocupante, es mejor ello, que vernos sorprendidos por noticias poco agradables.

En momentos en que el país se desbarata en añicos por la pandemia y sus efectos nefastos, se requiere un presidente fuerte y en plenitud de facultades y por ello se necesita conocer su estado real de salud.

Mientras tanto, habrá que recordar que en Palacio Nacional existe una sala de quirófano perfectamente equipada, además de que está atendido el presidente por los mejores médicos nacionales y del extranjero.

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