Hacia la tormenta perfecta
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Hacia la tormenta perfecta

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Hacia la tormenta perfecta

10/03/2020

El gobierno de la 4T tuvo más de 15 meses para prepararse mediante un manejo escrupuloso de las finanzas públicas y toma de decisiones adecuadas para generar confianza y certidumbre, amén de cuidar el fondo de estabilización y de abatir los índices delictivos, empero hizo todo lo contrario y ahora cuando viene el embate muy fuerte del exterior por la baja del petróleo y la pandemia del coronavirus, México ha quedado en una posición altamente vulnerable y sin red de protección.

AMLO recibió un país con crecimiento económico, en donde los principales indicadores macroeconómicos eran francamente positivos como la creación del empleo y poco menos de año y medio, convirtió todo eso en basura.

Decía López Obrador que gobernar era cosa fácil y ya ven, con sus decisiones ha puesto al país contra la pared y en lugar de que en estos momentos se estuviera declarando que se está en condiciones de enfrentar la crisis, ya se habla de más endeudamiento, subir los impuestos y ajustar a la baja el gasto público.

De los pronósticos de crecimiento del PIB del 2%, ahora ya se vislumbra irremediablemente la recesión.

El dólar con la mayor depreciación desde el 2008 a tal grado que el Banco de México tuvo que anunciar el incremento del tamaño del programa de coberturas cambiarias que subasta de 20 mil a 30 mil millones de dólares para hacer frente a la devaluación del peso ante la divisa verde.

El “súper peso” de López Obrador ha sido noqueado en segundos y ni las manos metió.

EL IPC de la BMV ha caído estrepitosamente más del 13 por ciento en una semana, simplemente ayer se desplomó en 6.42 por ciento y la mezcla mexicana ya está en niveles de 35.75 dólares por barril de crudo, lo que representa una caída del 11.33 en su cotización del día de ayer.

Gobernar es re fácil. Cuando se desperdiciaron los recursos de los mexicanos con la cancelación del aeropuerto de Texcoco y todos los gastos colaterales que ello representó; pago de bonos, penas, inversión en el aeropuerto de Santa Lucía, etc., además de distraer miles de millones de pesos en programas asistenciales que de ninguna manera atenúan la pobreza extrema y la marginación en aras de fondear los programas políticos electorales de la 4T, pues era fácil imaginar el desenlace.

El desdén sistemático a la causa de las mujeres ante el crecimiento de la violencia de género y otros temas como la violación sistemática de los derechos humanos de los migrantes y el propio malestar de la sociedad que se siente agraviada por la falta de medicamentos para enfermos terminales y la falta de insumos en los hospitales públicos del país, son solo algunos temas que hablan de un grado de descomposición y de un Estado Fallido que no tiene la capacidad para resguardar la vida y los bienes de la gente honrada.

Qué forma de dilapidar el bono que traía AMLO tanto en aceptación, como en recursos económicos e instituciones que hacían más fuerte al Estado.

Por desgracia, no se avizoran tiempos mejores en el corto plazo, con la gobernabilidad en entredicho y la economía desvaneciéndose entre las manos como el agua, no resulta difícil predecir cómo vienen las cosas, ah, y se me olvidaba, con un gobierno bisoño que tienen otras prioridades diferentes a las que se requieren en estos momentos plagados de incertidumbre.

Se está formando la tormenta perfecta y no hay forma de enfrentarla.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.