Golpe de timón, no de Estado
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Golpe de timón, no de Estado

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Golpe de timón, no de Estado

05/11/2019
Actualización 05/11/2019 - 14:53

Más que cortinas de humo como la versión de un golpe de Estado, lo que requiere el presidente López Obrador es un golpe de timón para sacar a flote un barco que se hunde por la falta de pericia del capitán.

Dice que no se ha entendido que hay un cambio de régimen, pero conforme a los resultados y los datos duros, el cambio ha sido para empeorar.

Con un crecimiento cero y con la criminalidad desbordada a niveles nunca vistos, el gobierno no atina siquiera a sentar las bases para una mejoría en el corto plazo. El Paquete Económico 2020 de ninguna manera garantiza siquiera que vaya a ver crecimiento, al contrario, sus expectativas de ingresos están muy por encima de la realidad.

Perfecto, hay un cambio de régimen, bienvenido si es para mejorar, pero lo que se ha padecido en el primer año de gobierno es lo contrario. Se gobierna para empeorar. La inclusión social, esa que busca arrancar de la ignorancia y la marginación a millones de mexicanos, sigue existiendo solo en el discurso presidencial, porque en la realidad se mantienen en ese estado de ignominia.

El gobierno del cambio, solo es de membrete. La transformación que se prometió solo ha servido para polarizar a los mexicanos, quienes ahora estamos más divididos que nunca.

Al grueso de la población no le importa si se inventa lo de un golpe de Estado u otras fantasías, tal vez de mayor envergadura cuando las cosas empeoren. Lo que es relevante para la ciudadanía es que la inseguridad se reduzca a niveles que den cierto resguardo a sus vidas y bienes y que haya desarrollo económico, además de que los programas asistenciales sirvan para incorporar a los pobres al círculo virtuoso de la productividad y no para crear ejércitos de votantes sometidos por las cadenas de las migajas que da el gobierno.

El presidente de la república necesita de todos, hasta de los “conservadores”, esos que están ubicados en las filas de la iniciativa privada, a los periodistas, a las mismas Fuerzas Armadas con quienes, por cierto, la nación tiene una impagable deuda de gratitud con, aunque el gobierno las ha puesto en tela de juicio tan solo por ser institucionales y valientes.

El enemigo de México no está entre sus habitantes, sino se ubica en intereses patrimonialistas y en aquellos que buscan perpetuarse en el poder a costa de la manipulación y la demagogia.

Ni existe siquiera la pretensión de un golpe de Estado, ni mucho menos que haya una conspiración para derrocar al presidente, lo que sí es un hecho, es el creciente malestar por las pésimas decisiones que toma el presidente, que en aras de un cambio de régimen destruye instituciones, posibilidades de crecimiento y confianza.

En este primer año de gobierno es evidente que el presidente solo gobierna para sus adeptos, los demás son sus enemigos. Así, el dicho de “estás conmigo o contra mí”, toma su máxima expresión en este sexenio.

Millones de mexicanos no están 'ni con melón ni con sandía', solo quieren un mejor México. Sin embargo, cuando padecen los efectos de un mal gobierno pues levantan la voz y protestan y estas expresiones de rechazo ya los convierten en las fuerzas oscuras del conservadurismo que quieren quitar al presidente.

Mal inicio del gobierno de la 4T y peor el horizonte a futuro. A menos de que López Obrador no de un golpe de timón que conlleve necesariamente cambiar por lo menos a la mitad de su inepto gabinete, pues no se ve cómo va a empezar.

Ese viraje de 360 grados que necesita hacer AMLO lleva implícito reconocer que es el presidente de todos los mexicanos y por ende debe dejar de ajusticiar en sus mañaneras y de buscar culpables para justificar las ineptitudes.

Golpe de timón, sí; No a cortinas de humo o invenciones que son más de una mente afectada por la esquizofrenia que de un presidente de la república.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.