El presidente epistolar
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El presidente epistolar

05/06/2019
Actualización 05/06/2019 - 15:04

Estamos ante un presidente de cartas, de la correspondencia escrita, de la epístola. Con ellas no sólo justifica la actitud pusilánime ante Donald Trump, sino que pretende sustituir los encuentros con los presidentes de las 19 economías más importantes del mundo.

Ahora más que nunca, López Obrador requiere un encuentro con el presidente del país de las barras y las estrellas para zanjar las diferencias que existen, particularmente en el tema migratorio y de aranceles. Sin embargo, desperdicia una oportunidad dorada con mandar a dos de sus subalternos a que lo representen.

Dice Marcelo Ebrard que hay un 80 por ciento de posibilidades que no se aplique el arancel del 5.0 por ciento a las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos; aseveración a la que, optimista, se suma el presidente de la República, faltaba más, sólo que de acuerdo con la realidad lo más seguro es que sí entren en vigor y con ello presionar a AMLO para convertir a México en tercer país seguro; es decir, en cumplir las funciones de una policía migratoria, con resguardo de los migrantes que van hacia aquel país.

Ante los improperios y bravatas no hemos observado una respuesta contundente, sólo cartas y buenos deseos.

El estilo de AMLO es mandar misivas en lugar de tomar el toro por los cuernos y acudir con los destinatarios de las mismas.

Así ocurrió con el rey de España y el Papa, en aquel asunto de solicitar su disculpa por los hechos ocurridos durante la conquista; ahora con la carta dirigida al mandatario norteamericano por la amenaza de castigar a las exportaciones mexicanas y, lo que nos faltaba, la otra epístola al G-20, en la cual solicita luchar contra las desigualdades en el mundo.

Osaka, Japón, se privará de la presencia de López Obrador, aunque va “muy bien representado” con Carlos Urzúa, de la SHCP, y Marcelo Ebrard, de Relaciones Exteriores.

De ninguna manera es equiparable la representación de estos dos notables miembros del gabinete a la del presidente, por lo que cualquier argumento que esgrima López Obrador para justificar su ausencia, es insostenible.

Claro, podrán entregar la carta enviada por AMLO al G-20 y tal vez reunirse con algunos miembros de las delegaciones visitantes al encuentro, pero no con los protagonistas de la historia del mundo en el siglo XXI.

¿O acaso Donald Trump daría su venía para una reunión bilateral con un funcionario mexicano de segundo nivel, o Xi Jinping, de China, y ya no hablemos de Vladimir Putin, de Rusia?

El Grupo de los 20 está compuesto por las principales economías del mundo: La Unión Europea, Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía y, por supuesto, México.

De hecho, de estos encuentros entre los líderes del mundo, el uno a uno, surgen lazos empáticos que redundan en utilidad para los habitantes de sus países.

Los beneficios son múltiples, los riesgos son mínimos.

La agenda de esa reunión, en donde Japón ostenta por primera vez la presidencia, contiene temas como crecimiento económico y la reducción de las desigualdades; infraestructuras y sanidad de calidad; cambio climático y el vertido de plásticos en los océanos, y desafíos del envejecimiento en las sociedades.

Como se aprecia son temas fundamentales para el orbe, en donde nuestro país tiene un papel fundamental. ¿Cambiará esto López Obrador por sus conferencias mañaneras en territorio nacional, o será a través de cartas que mantenga México su liderazgo en el planeta?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.