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El nuevo agandalle en el PAN

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El nuevo agandalle en el PAN

26/10/2018

En medio de la vorágine que representa la consulta en torno al destino del aeropuerto de Texcoco, en la que los desorganizadores de la misma hicieron todo para evidenciar que está diseñada para finiquitar la obra insigne del sexenio peñista, se llevó a cabo el debate entre los candidatos que aspiran dirigir lo que queda del PAN.

Estamos en el país de las simulaciones, así es con la consulta del nuevo aeropuerto y los tintes democráticos con los que quieren revestir a Acción Nacional, en donde a pesar de que digan que los dados no están cargados, la verdad es que Marko Cortés, el alfil de Ricardo Anaya, será el próximo presidente nacional.

En el primero y único debate, celebrado el pasado miércoles, entre Manuel Gómez Morín y Cortés, rumbo a la elección del 11 de noviembre, sirvió para observar las limitaciones de ambos candidatos. Uno, presumiendo su linaje, y el otro, los cargos que ha tenido al amparo del candidato presidencial perdedor, identificado con el mote del Joven Maravilla.

Ciertamente el que tiene una trayectoria más combativa y apegada a los principios del partido, es Manuel Gómez Morín; sin embargo, nada hay que hacer ante la aplanadora que dejó bien aceitada Damián Zepeda.

Para venderse ante sus electores y ganar el debate, ambos contendientes criticaron hasta el hastío la reciente coalición que hicieron en las pasadas elecciones con el PRD y MC, misma que no les redituó nada y en cambio perdieron importantes posiciones al cederles espacios en distritos, alcaldías y congresos a sus aliados.

Lo que es evidente, es el apoyo irrestricto de los gobernadores del PAN, así como las dirigencias estatales y municipales a Marko Cortés, quien, con elección o sin ella, será el sucesor de los dos presidentes más nefastos que ha tenido ese partido a lo largo de su historia.

La escisión sufrida en las filas de Acción Nacional con la renuncia de Margarita Zavala y de otros notables panistas, así como la expulsión de otros destacados militantes, amén de los resultados desastrosos alcanzados en los pasados comicios, ponen a este partido en una situación precaria en el espectro político nacional. De hecho, muchos de los panistas de prosapia y simpatizantes están esperando el momento para sumarse al nuevo partido político de la señora Zavala, que por cierto ya está en proceso de construcción.

Con el arribo de Marko Cortés a la presidencia del PAN no se recompondrá el rumbo del partido y, mucho menos, volverlo a posicionar como una verdadera opción de cambio.

Ante el poder totalitario que tiene el nuevo gobierno es indispensable contar con partidos de oposición fuertes, que permitan ejercer los contrapesos necesarios, pero con lo que está ocurriendo en el lado de los azules, pues difícilmente podrán asumir este roll.

De pena ajena lo que ocurrió en el debate, donde los dos contendientes, más que defender una camiseta, la pisotearon con las acusaciones que se endilgaron.

La mano que mece la cuna en las filas del PAN sigue siendo Anaya y, por supuesto, Rafael Moreno Valle, quien se perfila para ser la voz cantante que los represente en la próxima contienda presidencial.

Las intenciones de Gómez Morín al participar como candidato a la presidencia nacional del PAN, son buenas y diáfanas; sin embargo, sólo entró como comparsa y lamentablemente validará el nuevo agandalle de Ricardo Anaya y sus secuaces.

Mientras se tenga secuestrado al PAN y no se renueven sus dirigentes, mediante procesos auténticamente democráticos, este partido tendrá los días contados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.