Desde San Lázaro

Daño a la credibilidad y prestigio de la ASF

La divulgación de información que pone en entredicho la eficiencia, honestidad y manejo de los recursos públicos, son temas que causan escozor en el principal huésped de Palacio Nacional.

Hay instituciones que sin prestigio ni credibilidad no son nada y un ejemplo de ello es la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y otros organismos, quienes se han doblegado ante el poder del presidente de México y ello representa un grave retroceso para el Estado de derecho, la democracia, el Estado y su conformación republicana y federalista.

El más reciente de estos casos ocurrió en la ASF cuyo titular, David Colmenares, tuvo que recular al desmentirse en los resultados observados en las auditorías de desempeño aplicadas al ejercicio del gasto público 2019 en torno a la cancelación de aeropuerto de Texcoco y las decisiones que lo acompañaron.

Seguramente el titular de la ASF recibió toda clase de llamadas a partir de que desde Palacio Nacional el primer mandatario mostró su rechazo al Informe General de la Cuenta Pública, en el rubro particular del gasto derivado por la cancelación del citado aeropuerto.

Las furibundas presiones del aparato represor del régimen doblegan a cualquiera, máxime si éste tiene jefes que están plenamente identificados como parte de la élite del poder y aunque la ASF cuenta con autonomía técnica y de gestión para decidir sobre su organización interna, funcionamiento, resoluciones y manejo de los recursos presupuestales, lo cierto es que en la praxis y por lo visto recientemente, no hay tal situación.

Esas presiones que incluso se tornaron en amenazas, lograron que la ASF emitiera un comunicado a la brevedad, para desmentir su propio informe en relación al costo que tuvo la cancelación del aeropuerto de Texcoco por existir inconsistencias en sus argumentaciones. Vaya papelón.

El "Yo tengo otros datos" obligó a la ASF a reconocer que hubo inconsistencias en su informe, con lo cual quedó en evidencia que este órgano de fiscalización quedó subordinado a los designios de la presidencia imperial.

El daño provocado en la credibilidad y confianza de la ASF causó un boquete en la línea de flotación de una institución que las tenía como sus mayores fortalezas.

Ya se había salvado el máximo órgano auditor del país de ser pisoteado, pero al osar decir la verdad emanada de una revisión profunda sobre el gasto que hizo el gobierno de la 4T con la cancelación del aeropuerto de Texcoco, pues cayeron rendidos, como en su momento sucedió con otras instituciones, como la SCJN con la consulta popular para investigar a expresidentes; o el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación al impedir el registro de nuevos partidos políticos y dejar pasar otros que no cumplían con los requisitos básicos para constituirse como tales; y bueno, del Poder Legislativo ya ni hablamos.

Veremos en las próximas semanas cómo se desarrolla el affaire entre AMLO y Colmenares, aunque una cosa es segura: tanto el informe, y sobre todo, las denuncias de tipo penal de los seis años de la administración actual, pasarán primero por la censura y supervisión del Ejecutivo y sus alfiles en el Congreso, como el diputado Ignacio Mier y quien lo suceda de Morena en el cargo y el senador Ricardo Monreal 'antes de que causen un daño mayor'.

Desde un punto de vista democrático e institucional, a quien no le conviene que los órganos de fiscalización mantengan su independencia es precisamente al propio jefe del Ejecutivo federal, ya que la ASF es un brazo de gobernanza para tener la certeza que los recursos públicos se manejan con probidad y bajo esta óptica no se entiende el comportamiento de AMLO.

Claro, la divulgación de información que pone en entredicho la eficiencia, la honestidad y manejo de los recursos públicos, son temas que causan escozor en el principal huésped de Palacio Nacional y por ello se decidió cortar las alas de independencia a la ASF.

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