Con pinzas, la operación UNAM
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Con pinzas, la operación UNAM

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Con pinzas, la operación UNAM

27/02/2018
Actualización 27/02/2018 - 13:34

El narcomenudeo en la UNAM, particularmente en Ciudad Universitaria (CU), tiene carta de naturalización desde los años 60 y se recrudeció en los 70. No existe ningún egresado que no haya conocido de primera mano su existencia; la autoridad de dentro y fuera de CU lo sabe, y sin embargo poco se ha hecho para erradicar el problema.

El tema para su atención tiene varias aristas. El exacerbado ambiente político que contamina todo, es una de ellas; otra, la infiltración de mercenarios del desorden en la máxima casa de estudios; y la tercera, la irresponsabilidad de líderes políticos que, con tal de llevar agua a su molino, son capaces de vender su alma al diablo.

Lo anterior viene a colación por los recientes hechos ocurridos cerca de los frontones universitarios, donde una aparente disputa entre dos grupos delictivos por la distribución de drogas provocó un enfrentamiento con un saldo de dos personas muertas. Aunque los occisos son ajenos al campus, el hecho en sí puso en alerta permanente a estudiantes, trabajadores y académicos.

En el ámbito de la delincuencia el asunto no es menor; sin duda es consecuencia de los altos índices que vive la Ciudad de México. Pero el tema no deja de preocupar a los universitarios por los tiempos políticos que se viven en todo el país, donde algunos grupos de los llamados antisistema esperan cualquier provocación o pretexto para desestabilizar las actividades estudiantiles.

Todo hecho delictivo requiere de la acción de las autoridades ministeriales o de las policiales. Sólo que en el caso universitario hay una coraza contra toda acción judicial, pues aunque la autonomía de la que goza la institución se refiere a la acción de gobierno, a los programas de estudio, a las investigaciones científicas y sociales, en la vida universitaria es prácticamente imposible alguna acción penal que conlleve la presencia de cuerpos de vigilancia que no sea la expresamente establecida por la UNAM.

En ese marco, donde la autonomía rige los destinos de los universitarios, nadie puede estar tentado a ninguna acción que vulnere ese derecho de la comunidad Puma; hacerlo significaría el pretexto ideal de quienes acostumbran encender mechas para que exploten bombas al grito de ¡autonomía!

Es alarmante la situación que se vive en Ciudad Universitaria y esta preocupación ya llegó incluso al Estadio Olímpico, donde el deporte es su mejor exponente. Pero para que desde sus pantallas públicas se haya enviado el mensaje de “¡Fuera narcos!”, quiere decir que los aficionados al deporte y la comunidad universitaria en general están hartos de este tipo de situaciones y no están dispuestos a que la tolerancia de sus autoridades se traduzca en más violencia.

Hay que defender la autonomía, sí, pero también hay una petición de mayor seguridad de parte de quienes en el día a día conviven en el campo del estudio, de la investigación, la academia, la promoción cultural, el deporte, el aprendizaje de idiomas y muchas otras actividades, por lo que en ese contexto piden a la autoridad universitaria aplicarse con más energía y voluntad política en este tema.

Una operación quirúrgica es lo que piden en CU contra la delincuencia y el narcomenudeo. Autorizar su implementación corresponde a su rector, Enrique Graue, pero deben estar muy atentos el gobierno federal, el capitalino, los estudiantes y trabajadores de la UNAM.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.