Brasil sube, México cae
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Brasil sube, México cae

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Brasil sube, México cae

06/02/2019

Dos gobiernos diametralmente opuestos. Uno de derecha y el otro de izquierda. Sus presidentes son tan queridos como odiados, no admiten medias tintas. Uno le apuesta a un modelo económico capitalista que privilegie el combate al socialismo; el otro se pronuncia por la rectoría del Estado, el asistencialismo, la militarización y el desarrollo estabilizador. También, los dos, están enfermos.

Jair Bolsonaro tomó posesión el 1 de enero de este año, Andrés Manuel López Obrador el 1 de diciembre de 2018, y con las primeras decisiones que han tomado cada uno se han alterado los pronósticos sobre los indicadores macroeconómicos de sus países, principalmente en lo que tiene que ver con el Producto Interno Bruto (PIB).

Los dos presidentes siembran tempestades y, por lo menos en sus promesas de campaña, rompieron paradigmas y generaron esperanza.

Aunque la realidad contraste severamente con los deseos de los candidatos.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que Brasil va a crecer más que México en, por lo menos, cuatro décimas de punto porcentual. El país sudamericano se expandirá en 2.5 por ciento; mientras que acá, será de 2.1 por ciento.

Si esto se cumple, será la primera vez en seis años que Brasil crecerá más que México.

Estos pronósticos deben prender los focos rojos en Palacio Nacional, ya que no sólo advierte que el crecimiento del país será más lento, sino que en la región México perderá atractivo para las inversiones y negocios.

Algunos economistas y empresarios globales señalan que la confianza de las empresas en México podría verse socavada si se expande el rol del sector público en la economía, y las primeras señales que mandó López Obrador con la cancelación del nuevo aeropuerto internacional de la CMDX y el frenón a la economía por el combate al huachicol y los bloqueos a las vías férreas en Michoacán, confirman el temor.

El FMI justifica su pronóstico en virtud de una disminución de la inversión privada al inicio del sexenio de AMLO, así como condiciones monetarias y financieras más restrictivas.

La baja en la calificación crediticia de Fitch Ratings a Petróleos Mexicanos (Pemex) significó un golpe directo en la línea de flotación de la empresa productiva del Estado, que se recrudeció con los insultos proferidos por el Presidente a la calificadora.

López Obrador debe cambiar el tono del lenguaje por uno más documentado y analítico sobre las acciones que está emprendiendo Pemex y su gobierno para apuntalar las finanzas públicas.

La propuesta oficial en torno a las inversiones en Pemex, como la nueva refinería de Dos Bocas, en Tabasco, sólo genera más dudas en lugar de certidumbre.

El aniquilamiento de las reformas impulsadas por Peña Nieto, como la energética y educativa, son factores que potenciaron la incertidumbre con respecto a las políticas económicas del nuevo gobierno.

Reza el refranero: el que mal empieza, mal acaba o la segunda ley de Pudder: “Todo lo que empieza mal, termina peor”. Ojalá que este no sea el caso y AMLO recomponga el camino, aunque se antoja difícil por su intransigencia.

En Brasil, su nuevo mandatario comenzó como Peña Nieto hace seis años, con un paquete de reformas estructurales que detonó la confianza de los mercados, además, anunció Bolsonaro, se concretará la consolidación fiscal y la reforma al sistema de pensiones.

Así que mientras en México se da un salto al pasado, en Brasil se ocupan de llenar el vacío que ha dejado nuestro país por voluntad propia y se aprestan a tomar el liderazgo de la región.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.