Aterrizaje de emergencia
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Aterrizaje de emergencia

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Aterrizaje de emergencia

06/01/2020
Actualización 06/01/2020 - 14:54

Las promesas de campaña del presidente López Obrador giraron en torno principalmente a tres aspectos que lastimaban a la población: la desigualdad social, los abusos de poder y la corrupción, así se construyó una narrativa en torno a temas muy básicos y fácilmente identificables como, por ejemplo, los miembros del Estado Mayor Presidencial, las camionetas blindadas y el avión presidencial.

“Ni Obama lo tiene”, rezaba el eslogan publicitario de un candidato chapado como populista y demagogo, pero tan eficaz en el propósito de llevarlo a la Presidencia de la República. Ahora tiene que navegar entre la promesa y la realidad, entre el candidato y el gobernante.

Ya con la alta investidura en su poder tiene que enfrentarse contra sus propias promesas de campaña como la de crecer al 4 por ciento anual, terminar con la inseguridad, crear más de un millón de empleos anuales o bajar la luz y las gasolinas. Nada ha cumplido; al contrario, en todos estos rubros se muestran indicadores negativos.

Dijo que no iba aumentar impuestos o crear otros, así como evitar contratar más deuda externa. Ambas propuestas han sido falacias ante la nueva miscelánea fiscal y los rangos de endeudamiento autorizados en el Congreso.

La narrativa se construye a diario desde el púlpito de Palacio Nacional a base de mentiras y, en el mejor de los casos, de medias verdades, aunque a fuerza de ser sincero eso no le preocupa a AMLO, ya que los ‘amlovers’ no solo le creen sino que repiten hasta el cansancio el evangelio del día.

Sin embargo, el universo de votantes indecisos o incluso simpatizantes de AMLO están decepcionados y acusan malestar e ira que no solo expresan públicamente al reconocer que se equivocaron al votar por el tabasqueño, sino que critican la ineficacia en el accionar gubernamental.

Los mexicanos quieren acciones concretas de gobierno en varios sentidos como la seguridad pública, el crecimiento económico, generación de empleo y apoyo del Estado a los sectores sociales más vulnerables a quienes ahora les quitan el Seguro Popular y en su lugar crean el Instituto de Salud para el Bienestar, que simplemente para que empiece a operar a mediana capacidad requiere un par de años.

Los caprichos y ocurrencias del presidente le han costado al país por lo menos una década de retraso por cada año de gobierno y millones de dólares en pérdidas. Verbigracia, la cancelación del aeropuerto de Texcoco y la construcción de las tres obras que están condenadas al fracaso: Santa Lucía, Dos Bocas y Tren Maya.

Si bien es cierto que las mañaneras son origen y destino para construir la nueva narrativa del régimen, también es verdad que por ellas cava su tumba política el proyecto de la autollamada 4T, ya que con cortinas de humo -acusar a otros del fracaso- es imposible gobernar. Los hechos barren al discurso presidencial.

El proyecto del nuevo régimen va en picada, en un aterrizaje en donde, por desgracia, lleva a todo el país sobre sus hombros y lo peor es que creen que ese desplome apunta en la dirección correcta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.