Alfredo del Mazo, mexicano excepcional
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Alfredo del Mazo, mexicano excepcional

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Alfredo del Mazo, mexicano excepcional

14/01/2019

El deceso de Alfredo del Mazo González representa una gran pérdida para el país, en virtud de que se ha ido uno de los últimos personajes que le dieron lustre al servicio público y que, con su ejemplo, formó varias generaciones de buenos políticos que a la fecha gozan de prestigio y reconocimiento.

Con testimonios de primera mano y el resultado documentado de su gestión al frente de varias responsabilidades en la administración pública, reconstruimos el perfil de Alfredo del Mazo, quien más allá de una carrera política que lo colocó en la antesala de la Presidencia de la República, fue parte de la dinastía que por tres generaciones gobernó al Estado de México.

El affaire sobre su fallida candidatura priista a la Presidencia de la República, alentada perversamente por Miguel de la Madrid, lo relegó de los primeros cuadros de poder, pero no de la actividad política de la cual, hasta sus últimos días de convalecencia en Acapulco, ejerció con pasión al estar muy cerca de sus amigos que lo visitaban frecuentemente para abrevar de su sapiencia.

Cierto, era un hombre de un carácter irascible que compensaba con la virtud de saber escuchar, de debatir y de intercambiar ideas con inteligencia y apertura. A decir de Alfredo Elías Ayub, otro notable mexicano, la consistencia en la amistad de Alfredo del Mazo “con muchos de nosotros fue excepcional. Fue amigo leal, no en la coyuntura sino en todos los tiempos y en todos los momentos. Amigo de convicciones, nos daba continuamente muestras de su lealtad a la amistad.

“El licenciado Del Mazo nos enseñó que además de la dedicación, la entrega y la pasión, la honestidad y la institucionalidad deberían ser las características distintivas de todo aquel que quiera, a través de la función pública, servir a su país. De esto nos dio ejemplo permanente”.

Esas mismas características lo distinguieron como embajador y como representante popular.

De su paso por la gubernatura por el Estado de México y por la Secretaría de Energía, Minas e Industria Paraestatal hay innumerables testimonios de los logros alcanzados; tan solo mencionar que fue el artífice del cambio hacia el desarrollo económico e industrial del Estado de México, ya que revirtió la vocación rural de esa entidad para convertirla en la economía más boyante del país.

Como titular de la SEMIP tuvo pasajes brillantes en las diversas negociaciones con los países de la OPEP, así como en crear las sinergias necesarias entre todos los sectores industriales para iniciar su reconversión hacia la modernidad y la globalización.

Otro distinguido mexiquense por adopción, y que fue un cercano colaborador y amigo de Alfredo del Mazo, David López Gutiérrez apunta a este reportero que “el licenciado era un estratega, tenía mucha templanza y carácter. Como jefe era muy exigente y perfeccionista, pero a la vez tenía una bonhomía como nadie.

“Hacía y pedía hacer la chamba al 100 por ciento y más, a dar el extra. Sabía escuchar y tomaba decisiones colegiadas. Con convicción y compromiso”.

Durante las exequias, Alfredo Elías Ayub recordó que Del Mazo fue un ser humano con principios y valores que supo transmitir e inculcar a sus hijos Alfredo, Adrián y Alejandro. Y que cada uno, en el ámbito de su desarrollo personal y profesional ha sabido llevar muy en alto. “México, despide hoy a un gran mexicano, comprometido, institucional y honesto que se entregó con pasión a servir a los mexicanos, que amó entrañablemente a su familia y que fue gran amigo de sus amigos”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.