¿Voto secreto?
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¿Voto secreto?

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¿Voto secreto?

23/02/2018

La infraestructura de las casillas electorales está planeada para mantener el voto secreto. Las mamparas con cortinillas a las que el votante ingresa para votar por candidatos a diversos cargos, son el espacio del voto secreto. Por supuesto, el votante puede manifestar por quién votó e incluso mostrar su boleta si así lo desea, pero cada casilla tiene ese pequeño espacio en el cual el votante cruza su elección a placer y sin tener que revelar su preferencia.

En algunas casillas el votante puede encontrarse con un encuestador que realiza un sondeo de salida, quien seguramente le preguntará por quién votó. Su respuesta (y la de muchos otros votantes) es muy valiosa para entender su decisión y el significado de las elecciones, ya que también suelen registrarse otras opiniones y características sociodemográficas. Pero responder no es obligatorio; es otra forma de participación que se agradece para un mejor entendimiento de los comicios. Además, la encuesta de salida debe garantizar la secrecía y la anonimidad.

Fuera del deseo de manifestar la preferencia de uno o de responder a las encuestas, ¿qué tan secreto es realmente el voto? O mejor dicho, ¿siente la gente que su voto puede mantenerse secreto? La encuesta Latinobarómetro 2017, realizada en 18 países latinoamericanos y del Caribe, incluyó una pregunta a este respecto: “¿Cree usted que su voto es secreto o los partidos y el gobierno pueden descubrir por quién votó usted?”

De acuerdo con los resultados del estudio, 64 por ciento de los poco más de 20 mil entrevistados en los 18 países dijo que sí, el voto es secreto, mientras que 31 por ciento manifestó que es posible que los partidos o el gobierno puedan averiguar por quién votó. Este podría ser un indicador indirecto del grado de coerción sobre el voto, o por lo menos de la posible presión que el votante puede llegar a sentir de que se sepa el sentido de su voto. Tres de cada diez latinoamericanos creen que su voto puede saberse, que no hay secrecía.

En México esa proporción es incluso más alta. El 48 por ciento cree que el voto es secreto, frente a 47 por ciento que cree que el voto no necesariamente se mantiene secreto. Opinión dividida.

Junto con Venezuela, México es de los dos países de la región donde la creencia en el voto secreto no alcanza la mayoría.

Qué tipo de prácticas electorales puede haber detrás de estas percepciones, está por verse, pero si la secrecía del voto habla de la calidad del proceso electoral o de la libertad con la cual los ciudadanos eligen en las urnas, México y Venezuela no salen bien.

Hay un dato adicional que el estudio revela: la percepción de que el voto no es secreto es más común si los entrevistados reportan votar por un partido opositor, que si dicen votar por el partido en el gobierno. En Venezuela este efecto es mucho más notable: en tanto que 67 por ciento de votantes de oposición cree que su voto no se mantiene secreto, en México es 52 por ciento. Honduras y Nicaragua se suman a la lista de países donde ocurre este fenómeno.

Así las percepciones sobre la secrecía del voto. ¿Será que reflejan algún aspecto importante de la calidad del proceso electoral?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.