Migrantes
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Migrantes

14/06/2019
Actualización 14/06/2019 - 11:21

Los migrantes centroamericanos son hoy uno de los principales problemas para el gobierno de la cuarta transformación, no solamente por la magnitud del asunto, sino porque, a diferencia de otros problemas, el tema de la migración tiene reloj con cuenta regresiva de por medio. Así se entiende luego de las negociaciones con el gobierno de Donald Trump para desactivar los aranceles.

Mientras el gobierno mexicano se adapta a estas nuevas circunstancias, este es un momento propicio para revisar las actitudes de los mexicanos hacia los migrantes y ver el grado de apoyo o rechazo que pueden tener las medidas previstas. Ya en una columna previa habíamos hecho el ejercicio (26 octubre 2018), y desde entonces se veía una opinión pública dividida, aunque con mayoría abierta a la migración, lo cual coincidía con el discurso de apertura del entonces presidente electo López Obrador: El 59 por ciento de los encuestados expresaba una actitud de apertura hacia los migrantes, con 14 por ciento de ellos apoyando una apertura absoluta, mientras que el 40 por ciento expresaba más restricciones a la entrada, con 10 por ciento en una cerrazón absoluta. Los datos son de la Encuesta Mundial de Valores realizada en el país, en 2018.

A varias semanas de distancia de ese análisis, y bajo una realidad distinta, las encuestas nos muestran cierto endurecimiento de la población mexicana hacia los migrantes. En los dos últimos sondeos nacionales que hicimos, en mayo 24 y junio 4, el 41 por ciento dijo que a los migrantes se les debería apoyar y garantizar el libre paso, mientras que el 56 por ciento indicó que se les debe cerrar la frontera.

La opinión pública sigue marcadamente dividida, pero con este fraseo y bajo las actuales circunstancias, es claro que la mayoría ha adoptado una actitud de cerrazón. Es muy probable que en apenas unos meses, con una migración al alza, bajo circunstancias políticas y económicas distintas, y bajo presión bilateral, los mexicanos se han endurecido hacia los migrantes. Según la encuesta publicada el pasado 4 de junio en este diario, el apoyo a cerrar las fronteras a los migrantes llegó a registrar hasta 72 por ciento a mediados de mayo, antes de la crisis de los aranceles.

Agregando las dos últimas encuestas para hacer algunos cruces, nos ofrece información adicional para entender mejor este fenómeno de opinión. En primer lugar, las encuestas revelan claras diferencias regionales: el norte es donde mayor cerrazón se observa, mientras que en el sur se expresa la mayor apertura. Las diferencias no son tan marcadas pero algo dicen. La actitud de cerrar nuestras fronteras a los migrantes es apoyada por 53 por ciento en el sur, 56 por ciento en el centro, 57 por ciento en el centro-occidente y 61 por ciento en el norte. La población más preocupada por la migración está en los estados del norte, donde finalmente se ha instalado una buena parte de los migrantes que buscan internarse a Estados Unidos y, bajo las premisas de la reciente negociación, adonde varios de ellos podrían ser remitidos desde el vecino país, en espera de trámites.

En términos demográficos, la apertura hacia los migrantes es ligeramente mayor entre las mujeres que entre los hombres, mientras que la cerrazón es mayor entre los grupos de mayor edad. Curiosamente, la encuesta revela que los más escolarizados son quienes más apoyan el cierre de las fronteras, un resultado contrario a lo que se esperaría de un público que por lo general tiende a ser más liberal.

En términos políticos, la mayor apertura hacia los migrantes la expresan los priistas y los morenistas, mientras que la mayor cerrazón es más visible entre panistas y perredistas, aunque también entre la mayoría apartidista. Por otro lado, los mexicanos que se consideran de izquierda muestran una apertura ligeramente más alta hacia la migración, mientras que los de centro y derecha expresan una mayor cerrazón. El tema, por lo visto, ya trae su dosis de politización. Veremos cómo evolucionan estas actitudes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.