Lozoya, tema de cuña
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Lozoya, tema de cuña

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Lozoya, tema de cuña

31/07/2020

El proceso a Emilio Lozoya comenzó ante una opinión pública dividida. Según la encuesta nacional de El Financiero publicada el miércoles, de cada diez mexicanos, cuatro creen que la extradición de Lozoya significa un avance en la lucha contra la corrupción (41 por ciento), mientras que otros cuatro (38 por ciento) opinan que se trata de una distracción de otros temas más importantes.

Además, el sondeo revela que poco más de un tercio (37 por ciento) cree que la información que proporcione Lozoya a las autoridades ayudará a castigar actos de corrupción, mientras que casi la mitad (45 por ciento) no cree que pase nada, que todo siga igual. Esto último refleja una expectativa social de que la impunidad suele prevalecer en el país, sin importar el caso o el momento. Eso es parte de lo que está en juego en el proceso a Lozoya, ver qué sucede (si algo sucede) y hasta dónde llega.

El proceso a Lozoya puede ser visto como una apuesta del gobierno en la lucha contra la corrupción; pero también es un asunto de cuña, o un wedge issue, como suele llamársele a los temas que son altamente divisivos.

Mirando la encuesta más a fondo, obteniendo resultados por subgrupos, resulta claro que el tema Lozoya es profundamente divisivo, acaso polarizante. A diferencia de otras temáticas de opinión que hemos medido en las encuestas, el tema Lozoya muestra profundas diferencias políticas e ideológicas, pero también abre brechas por sexo, por edad y por regiones. No se trata de un asunto que unifique los ánimos de los mexicanos; más que consenso, hay división.

En la encuesta, la percepción de que el asunto Lozoya es un avance en la lucha contra la corrupción es más común entre los hombres, entre los mayores de 50 años de edad y en la región norte del país. Quienes más creen que es una distracción son las mujeres, los jóvenes de 18 a 29 años y los habitantes de la región centro. Algo similar se observa respecto a si el proceso a Lozoya ayudará a castigar actos de corrupción o no. Las brechas de opinión van desde 13 puntos según el sexo, pasando por 15 puntos entre regiones y hasta 19 puntos entre grupos de edad. Son diferencias notables, pero el partidismo y la ideología abren la brecha todavía más.

Caso Lozoya polariza a ciudadanos
Caso Lozoya polariza a ciudadanos Especial

Entre los morenistas, 67 por ciento cree que el proceso a Lozoya es un avance y 63 por ciento cree que se castigarán actos de corrupción pasados. En contraste, los panistas son los que más creen que es una distracción, con 69 por ciento y apenas 22 por ciento lo ve como un avance (la brecha con los morenistas es de 45 puntos). Por otra parte, los priistas son los que menos creen que haya castigo, con apenas 18 por ciento (abriendo otra brecha de 45 puntos respecto a los morenistas).

La identidad ideológica abre una brecha incluso mayor en una de las preguntas. El asunto Lozoya lo percibe como un avance el 70 por ciento de los entrevistados de izquierda, y 31 por ciento de los de derecha, una diferencia de 39 puntos. Y la creencia de que habrá castigo alcanza 71 por ciento en la izquierda y 20 por ciento en la derecha, una diferencia de 50 puntos.

Como tema de cuña, o wedge issue, el proceso a Lozoya tiene un enorme potencial de movilizar las diferencias políticas en el país. Quizás alguien podría pensar que se trata de un efecto de party sorting más que de polarización, es decir, que es natural y esperable que los simpatizantes de los partidos tomen esas posturas. Sin embargo, al mirar las opiniones de los apartidistas, la polarización ideológica prevalece: los apartidistas de izquierda coinciden mayoritariamente en ver el caso como un avance (52 por ciento) y esperan castigo (54 por ciento), mientras que los apartidistas de derecha lo ven como un distractor (58 por ciento) y abrumadoramente no creen que pase nada (69 por ciento).

La cuña está ahí y es divisiva, es polarizante. Sería bueno irnos abrochando los cinturones de seguridad, parece que estamos entrando a zona de turbulencia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.