La redefinición del PAN
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La redefinición del PAN

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La redefinición del PAN

20/09/2019
Actualización 20/09/2019 - 10:28

Al cumplir su 80 aniversario, el Partido Acción Nacional enfrenta el enorme reto de reconstruirse como un canal efectivo de representación política con atractivo electoral.

Al igual que otros partidos políticos, el PAN sufrió una pérdida de seguidores después de las últimas elecciones federales de 2018. Las encuestas del Proyecto Comparativo de Elecciones Nacionales (CNEP), que se realizaron en México al concluir los últimos tres comicios presidenciales, indican que los mexicanos autoidentificados como panistas pasaron de ser 23 por ciento en 2006, a 11 por ciento en 2012 y, dramáticamente, a 6 por ciento en 2018. El panismo en 2018 quedó como una cuarta parte de lo que había sido en el contexto postelectoral doce años antes.

La pérdida de seguidores es un grave problema para los partidos tradicionales en el país, incluido el PAN, pero ese es tan sólo uno de los retos que enfrenta el hoy octogenario partido blanquiazul. Las encuestas también documentan un crecimiento en el porcentaje de mexicanos que no sabe qué propone o qué caracteriza al partido en cuanto a sus principios, valores y creencias. En otras palabras, se ha borrado una buena parte de la identidad ideológica, o como suelen decir los panistas, la doctrina del partido.

Las encuestas del CNEP dejan ver el creciente desconocimiento respecto al PAN, no solamente entre el electorado en su conjunto, sino también entre los mexicanos que tienen una identidad política panista. Por ejemplo, la proporción de mexicanos que no saben dónde se ubica el PAN en el espectro ideológico de izquierda a derecha aumentó de 12 a 26 por ciento entre 2012 y 2018. El desconocimiento se duplicó.

Es probable que este tipo de mediciones académicas hayan dejado de tener un uso en la práctica política, pero sin duda revelan que hoy en día hay más mexicanos que desconocen del PAN que hace un sexenio.

El creciente desconocimiento del partido es evidente aun entre los propios panistas. Las mismas encuestas indican que la proporción de panistas en el electorado nacional que no sabe en qué punto de la escala izquierda-derecha ubicarse a sí misma creció de 7 a 23 por ciento entre 2012 y 2018. En este caso el desconocimiento se triplicó. El reto del PAN hacia adelante no solamente es recuperar votos, sino también recobrar identidad y proyectar claridad, ante propios y extraños, acerca de lo que es y lo que representa el partido. Más aún, de lo que será y representará el partido en el futuro inmediato.

Esto abre otro dilema para el PAN: ¿qué significa redefinirse? ¿Hacia dónde debe mirar el PAN a sus ochenta: hacia sus principios fundacionales o hacia las nuevas generaciones de votantes? ¿Qué tan factible es lo primero en los nuevos tiempos políticos, y qué tan difícil es lo segundo si prevalecen las inercias doctrinarias?

La redefinición del PAN no se antoja fácil, pero es muy importante, en parte, porque el panismo de hoy destaca como la principal oposición al nuevo partido gobernante: los simpatizantes del blanquiazul son quienes más desaprueban la labor del presidente López Obrador, según las encuestas que hemos reportado en este espacio anteriormente.

Pero asumirse como la principal oposición a Morena podría no ser suficiente para el partido. La redefinición requiere construir y reconstruir una identidad más sustantiva y de más largo plazo que considere a los nuevos electores.

Según los cortes de edad de las encuestas CNEP, en 2006, había un panista menor de 30 años por cada panista mayor de 50. Había paridad generacional. En 2018, la encuesta arrojó dos panistas de más de 50 por cada panista menor de 30.

El mayor debilitamiento del PAN ha sido entre el electorado joven, ese que dominará las elecciones de los próximos años y al cual el gobierno de López Obrador está apostando como eje de apoyos sociales, como Jóvenes Construyendo el Futuro. Será muy interesante ver si el PAN se redefine o no, cómo y para quiénes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.