La prioridad
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La prioridad

11/01/2019
Actualización 11/01/2019 - 19:59

La gente valora varias cosas en la vida, pero al momento de tener que elegir entre una y otra, su elección deja ver con toda claridad las prioridades que más fuertemente guían su conducta y sus actitudes. En México, la preferencia por la libertad y la igualdad tiene un peso proporcional muy similar; si acaso, la libertad tiene ligeramente más seguidores que la igualdad. Sin embargo, ambas pasan a un segundo plano frente a la seguridad, la más alta prioridad de los mexicanos.

Así lo documenta la Encuesta Mundial de Valores que se hizo en México en 2018. Al preguntar qué consideran más importante, la libertad o la igualdad, el 55 por ciento de los entrevistados dijo que la libertad, y el 45 por ciento, la igualdad. Sin embargo, al tener que elegir entre algunas de ellas y la seguridad, ninguna de las dos le hace competencia a esta última. En el escenario de libertad o seguridad, el 72 por ciento dijo que la seguridad es más importante, mientras que el 28 por ciento priorizó la libertad. Esto significa que hay una buena proporción de mexicanos que, al parecer, estarían dispuestos a sacrificar ciertas libertades a cambio de seguridad.

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Por otro lado, al tener que elegir entre la igualdad o la seguridad, la igualdad tuvo 32 por ciento de preferencias, mientras que la seguridad obtuvo el 68 por ciento. Nuevamente, la seguridad gana por un amplio margen. Con estos datos queda claro que para la mayoría de los mexicanos lo más importante es la seguridad. Esto hay que tenerlo en cuenta al tratar de entender la conducta política, el consumo, los hábitos, las relaciones sociales y muchos otros aspectos del carácter nacional.

El politólogo de la Universidad de Michigan, Ronald Inglehart, quien también es el fundador de la Encuesta Mundial de Valores, argumenta en su libro más reciente (Cultural Evolution) que el sentido de inseguridad está fuertemente vinculado con algo que denomina un reflejo autoritario (authoritarian reflex); es decir, la tendencia a respaldar a líderes fuertes que son percibidos como protectores ante posibles amenazas, como las laborales y culturales que representa la migración para una buena parte de la población en diversos países. Aun en las democracias más liberales, el reflejo autoritario nos ayuda a entender por qué una buena proporción de votantes ha optado por líderes como Donald Trump, o por qué apoyan políticas como Brexit, comenta Inglehart. Esos dos son casos icónicos, pero la lista puede hacerse más larga.

Saber que la seguridad es la más alta prioridad de los mexicanos nos ayuda a entender varias posturas y comportamientos actuales en el país. No sorprenda, por ejemplo, que la mayoría de los mexicanos dé la bienvenida a la propuesta de una Guardia Nacional, aun y cuando se levanten banderas rojas de precaución entre expertos y miembros de la sociedad civil organizada. No sorprenda tampoco la conducta de compras de pánico de gasolina en estos días, que no refleja otra cosa sino la búsqueda de seguridad ante la incertidumbre y el desabasto. Aunque estamos acostumbrados a relacionar la seguridad con el crimen y la delincuencia, su dimensión valorativa es más amplia que eso: incluye las preocupaciones cotidianas laborales, de sustento, de movilidad, de protección familiar y propia.

Bajo la actual crisis de gasolina, si le podemos llamar así, el presidente López Obrador ha empleado un discurso de serenidad, apelando a la calma, pero también señalando algunos sabotajes (una forma de amenaza). Sus adversarios políticos, como él los llama, están aprovechando esta oportunidad para sonar las campanas del alarmismo. En el debate, se contraponen dos aspectos de seguridad pero con prioridades ya inevitablemente encontradas: no al robo y no al desabasto. Ya veremos cuáles son los saldos de opinión pública para el titular del Ejecutivo; pero, por lo pronto, hay que tener en mente que para la sociedad mexicana la seguridad es lo más importante.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.