La pluralidad en tiempos polarizantes
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La pluralidad en tiempos polarizantes

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La pluralidad en tiempos polarizantes

23/11/2018
Actualización 23/11/2018 - 10:36

Como idea, la pluralidad suele sonarle bien a la gente hasta que se topa con maneras distintas de pensar a la suya. La pluralidad va de la mano con la apertura, la tolerancia y el respeto, y, en la teoría, es un bello concepto, pero en la práctica resulta complicada. Y más en un momento como el actual, que bien pudiera etiquetarse como 'polarizante'. En la discusión política parecen perdidos los puntos medios y, a pesar del relativismo de la posverdad, unos creen categóricamente que tienen razón y que los otros están equivocados.

Las redes sociales son un buen termómetro de la polarización (aunque hay que acotar que la temperatura que muestran solamente es propia de las redes sociales, no necesariamente de la población en su conjunto). Como cámaras de eco, las redes sociales y sus algoritmos van aislando a los usuarios a su propia imagen y semejanza, pero la disidencia de pensamiento no está del todo ausente. Suelen verse agrias discusiones entre 'amigos' de Facebook y entre 'seguidores' de Twitter (lo pongo entre comillas porque 'amigos' es un concepto muy relajado, y 'seguidores' implica una responsabilidad que no todos quieren tener: basta recordar a Forrest Gump que corrió por correr y, cuando decidió parar, quienes le habían seguido se decepcionaron).

Los chats en WhatsApp son el otro gran espacio de uniformidad o disenso. Aun entre familia y conocidos, en cuanto se calientan los desacuerdos el ambiente se tensa (y eso que podemos estar a kilómetros de distancia unos de otros). El debate suele terminar en bloqueos en la red social o en salidas de los chats. Es la forma más fácil (¿'racional', acaso?) para finiquitar una discusión. Bueno, ¿pero qué tiene que ver todo esto con una columna de encuestas?

Pues, en parte, que vivimos una época muy interesante para reconocernos como sociedad, y las encuestas siguen siendo una gran herramienta para ello. En la más reciente encuesta telefónica nacional de El Financiero incluimos una pregunta referente a las cámaras de eco y la diversidad de ideas: “¿Para usted qué es mejor en la vida, convivir con personas que piensen igual que uno para que no haya conflictos, o que haya más diversidad de ideas con todo y desacuerdos?”

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El 20 por ciento cree que es mejor convivir con personas que piensen igual que uno para evitarse conflictos. Me parece un porcentaje bajo, pero son los que con toda franqueza prefieren rodearse de gente que piense igual a ellos. Los algoritmos de las redes sociales, que los aíslen de la disidencia, son funcionales. Pero lo curioso es que su uso de redes sociales podría estar por debajo del promedio: se trata de un grupo principalmente de mayor edad y con menor escolaridad.

Por otro lado, el 78 por ciento afirma que es mejor convivir con personas con una mayor diversidad de ideas, aunque haya desacuerdos. A reserva de lo que usted opine (y recuerde que se vale disentir), a mí me parece que este grupo refleja cierto sesgo de deseabilidad social, de ver la diversidad como algo bueno (así comencé la columna). No obstante, en la práctica eso puede complicarse para algunos. Es factible que este grupo mayoritario esté de acuerdo con la frase atribuida a Voltaire, de defender el derecho de los otros a expresarse aunque se esté en desacuerdo. Pero apelando a la sabiduría popular mexicana, “del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

Resulta muy interesante ver que casi 8 de cada 10 mexicanos entrevistados crean que es mejor la diversidad aunque ésta pueda generar desacuerdos. Este es uno de múltiples indicadores que nos pueden ayudar a saber no solamente si como sociedad valoramos la democracia, como ya lo hacen varios estudios internacionales, sino de cómo estamos dispuestos a vivirla cotidianamente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.