La Corte y la opinión pública
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La Corte y la opinión pública

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La Corte y la opinión pública

14/12/2018
Actualización 17/12/2018 - 11:23

El filósofo liberal John Locke distinguía entre la ley civil y la ley de la opinión o de la reputación. Precisamente en días recientes, la Suprema Corte de Justicia ha estado sometida al juicio de la opinión pública con el tema de la Ley de Remuneraciones. Luego de que la Corte dejara en suspenso la aplicación de dicha ley, que propone que ningún servidor público debe ganar más que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador manifestó que los salarios del Poder Judicial son “exagerados y ofensivos”, poniendo a los ministros entre la opinión pública y la pared.

Ante una población expectante de ver cambios en el país, los argumentos legales de la Corte, por elegantes y sólidos que sean, pueden sonar reaccionarios ante las intenciones transformadoras del presidente, quien cuenta con un amplio respaldo popular actualmente. Por ello, persuadir a la opinión pública se antoja como una tarea en la que los ministros llevan los vientos en contra. Eso parece saberlo muy bien López Obrador, quien ha jugado sus cartas retóricas con toda libertad. Cualquiera que sea el desenlace legal, será muy importante ver cómo queda la reputación de la Corte ante el juicio de la opinión pública.

En la encuesta nacional en vivienda de El Financiero que se hizo en noviembre, la confianza ciudadana en la Suprema Corte de Justicia era de 31 por ciento, considerando a los entrevistados que dijeron confiar mucho o algo en esa institución. En contraste, el 63 por ciento dijo confiar poco o no confiar nada en la SCJN. Como comparativo, la confianza y la desconfianza en el Tribunal Electoral del PJF y en el INE registraron 34 y 39 por ciento de confianza, y 62 y 59 por ciento de desconfianza.

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Con estos niveles de desconfianza institucional, los discursos del presidente contra el orden establecido tienen una gran resonancia entre la gente. Por ello, el actual episodio sobre la Ley de Remuneraciones podría ocasionar que los niveles de confianza en la Corte registren movimientos. Un escenario muy probable es que la confianza en la SCJN baje, en tanto que el presidente ha dado señales de que la decisión de los ministros obstaculiza sus esfuerzos por transformar al país: respetaré las “equivocadas decisiones” del Poder Judicial, dijo hace unos días. La batalla por la opinión pública se antoja asimétrica, ya que el presidente hace un uso más libre de municiones retóricas que los ministros y está en una mejor posición de campo con la popular postura de reducir los sueldos.

El escenario de que la confianza en la SCJN aumente, como reflejo de su independencia y autonomía, luce menos probable, en buena medida porque se le ha señalado como juez y parte en esta discusión sobre los sueldos y salarios. Además, según la encuesta, la confianza en la Corte proviene principalmente de los estratos de mayores ingresos, mientras que la desconfianza se registra entre los sectores de bajo ingreso: una mayoría sensible al tema. Un tercer escenario en el que no cambien nada los niveles de confianza podría ser más factible, pero eso dependerá de qué tanto el presidente continúe señalando los “privilegios” que defiende el Poder Judicial y de si éste responde o no a lo que ha denominado como “provocaciones”. Según la encuesta, los simpatizantes de Morena confían menos en la SCJN y podrían volverse más desconfiados, mientras que los seguidores del PRI y PAN confían más y bien pudieran cerrar filas en torno a la Corte. La gran ventaja que tienen los ministros es que no están sujetos a la suerte electoral, y por lo tanto pueden hacer caso omiso de los abucheos mientras hacen su trabajo. Pero, como decía Locke, lo que está en juego es la reputación.

La única manera de saber qué pasará con la confianza en la SCJN es medirla nuevamente más adelante. Por lo pronto, la Ley de Remuneraciones ha sentado a la Suprema Corte a juicio ante otra corte, la de la opinión pública.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.