La asimetría de los libros
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La asimetría de los libros

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La asimetría de los libros

06/12/2019

El día de ayer estuve en la Feria Internacional del Libro, en Guadalajara, para comentar un libro sobre encuestas editado y publicado por el INE: La precisión de las encuestas electorales, volumen II. Además del gusto de poder intercambiar impresiones sobre la demoscopia con colegas y público interesado, la FIL es una gran experiencia en sí misma, y nos invita a preguntarnos qué tanto leemos los mexicanos.

Para responder, apelo a aquella premisa del politólogo Philip Converse, una autoridad clásica en estudios de opinión pública, sobre la distribución de información entre el electorado, la cual describía como una distribución asimétrica con una media baja y una varianza alta. Lo que quiere decir es que hay pocos que saben mucho y muchos que saben poco.

El hábito de la lectura en nuestro país responde muy bien a esa descripción, y, siguiendo la tradición de Phil Converse, recurro a las encuestas para mostrarlo. En la encuesta telefónica nacional de El Financiero realizada en octubre pasado, incluimos la siguiente pregunta: “¿Ha leído usted algún libro en lo que va del año?” Y a quienes dijeron que sí, les preguntamos: “Aproximadamente, ¿cuántos libros ha leído en lo que va del año?”

De acuerdo con la encuesta, el 41 por ciento de los entrevistados dijo que sí ha leído algún libro a lo largo de este 2019, mientras que el 59 por ciento dijo que no. De ese 41 por ciento de lectores de libro, la mitad, el 50 por ciento, dijo haber leído uno (24 por ciento) o dos libros (26 por ciento). Otro 16 por ciento afirmó haber leído tres libros, y el 15 por ciento mencionó cuatro libros leídos. Sumando, el 81 por ciento de los entrevistados ha leído de uno a cuatro libros en el año.

El 19 por ciento restante leyó más: el 10 por ciento dijo haber leído cinco libros; el 6 por ciento, de seis a 10 libros; el 1 por ciento, entre 11 y 20 libros, y, finalmente, el 2 por ciento dijo que ha leído más de 20 libros, incluidos un par de lectores superasiduos que mencionaron 46 y 50 libros. Al igual que la información en la opinión pública, de acuerdo con el retrato de Converse, la distribución de lectura de libros en México es asimétrica: hay muy pocos que leen mucho, y muchos, la gran mayoría, que no lee nada o casi nada de libros. El promedio de libros al año, entre quienes sí leen, es de 3.5 libros, de acuerdo con este sondeo, realizado vía telefónica a nivel nacional. Si se considera a todos los entrevistados, incluidos los que no leen, el promedio de lectura es de 1.4 libros en lo que va del año.

El perfil de quienes reportan haber leído algún libro en el año nos dice que los hombres (42 por ciento) leen ligeramente más que las mujeres (39 por ciento); que los jóvenes (de 18 a 29 años, en 53 por ciento) lo hacen más que los mayores de 50 años (30 por ciento), y, aquí viene el salto cuántico, que los universitarios (75 por ciento) leen en una proporción impresionantemente mayor que los mexicanos con educación básica (17 por ciento) o media (39 por ciento). La escolaridad es uno de los principales correlativos de la lectura de libros. Por otro lado, los patrones regionales indican que en la zona centro, que incluye la Ciudad de México, se lee más (47 por ciento) que en el resto de las regiones del país (entre 37 y 39 por ciento).

En una encuesta anterior, realizada en agosto, también a 820 adultos en todo el país por vía telefónica, preguntamos qué tipo de libro prefieren leer, uno que narre una historia de ficción o fantasía, o uno que narre los hechos, una historia verídica. El 80 por ciento optó por lo verídico, mientras que sólo el 15 por ciento prefiere la ficción.

En otra pregunta similar, las opciones de libro eran entre una novela literaria o un libro de autoayuda o superación personal, a lo cual el 62 por ciento optó por la autoayuda y superación personal, mientras que el 32 por ciento dijo que prefería la literatura.

Así luce la distribución de lectura en el país, y algunas de las preferencias del potencial mercado de lectores de libros. Veremos si el próximo años esto cambia o no.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.