El indicador beisbolero de AMLO
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El indicador beisbolero de AMLO

01/11/2019

Terminó la Serie Mundial con un sorpresivo triunfo de los Nacionales de Washington, pero el gusto y las referencias del presidente López Obrador al beisbol podrían seguir, haya o no temporada. La razón de ello es que los deportes dotan a la política y a las encuestas de ricas metáforas. Ahí está como ejemplo la referencia a la “carrera de caballos” en los sondeos electorales que miden la intención de voto rumbo a una elección. Las encuestas se prestan muy bien a las analogías deportivas porque lo que miden tiene una naturaleza competitiva y partidaria.

Las encuestas sobre apoyo al gobierno o al Presidente en turno no son la excepción. Los índices de popularidad nos dan una buena idea de qué proporción de gente en el “estadio de la opinión pública” apoyan al equipo gobernante y qué proporción está en contra. Esa división puede reflejar el balance partidario, pero hasta los fans propios pueden abuchear algunas jugadas malas o los contrarios reconocer jugadas buenas.

Una de los reactivos de opinión que hemos incluido en las encuestas de El Financiero es un indicador beisbolero al cual ya me he referido en este espacio (“AMLO, en la caja de bateo”, 8 febrero). La pregunta que se formula a los entrevistados es la siguiente: “Usando un lenguaje del beisbol, ¿cómo describiría las acciones de López Obrador durante el último mes? Diría que pegó jonrón, bateó sencillo, bateó de foul, o lo poncharon?” A casi diez meses de haber iniciado la serie de esta pregunta, y con los batazos de la Serie Mundial aún frescos en la memoria, este parece ser un buen momento para una nueva reflexión.  

Algunos colegas me han dicho que es una mala pregunta porque la gente no la entiende. Sin embargo, tiendo a disentir y creo que es una medición, junto con la aprobación presidencial, que complementa muy bien el tablero de indicadores de apoyo popular al gobierno actual. Además, creo también que, de verlo y tomarlo en cuenta, el presidente López Obrador seguramente lo entiende muy bien, toda vez que la pregunta está planteada en su propio lenguaje deportivo.

La pregunta beisbolera está altamente correlacionada con la pregunta de aprobación presidencial: la correlación en la serie de tiempo de casi veinte encuestas quincenales entre febrero y octubre de este año es superior a .8. A nivel individual, considerando las más de 6 mil entrevistas realizadas en ese lapso, la correlación es casi .6. Son correlaciones muy altas para tratarse de encuestas y las preguntas no están juntas en el cuestionario. Las percepciones de buen bateo reflejan aprobación y las de mal bateo, desaprobación. Pero no son el mismo indicador.

La diferencia más marcada entre los dos indicadores es que la aprobación ha permanecido estable desde abril, mientras que en el indicador beisbolero, la tasa de bateo ha caído notablemente mes tras mes. De abril a la fecha, la aprobación ha variado de 3 a 4 puntos, mientras que la tasa de bateo bajó casi 20 puntos. Es posible que la pregunta de aprobación no refleja actualmente evaluaciones de desempeño, sino todavía expectativas futuras o deferencia al Presidente.

En contraste, la pregunta beisbolera explícitamente pide evaluar las acciones del último mes, y eso ha registrado movimientos más marcados. Por ejemplo, la encuesta de octubre, tras los eventos de Culiacán, registró un alza en las percepciones de ponche, a la vez que la pizarra de la aprobación no tuvo cambios notables. Además, en octubre, solamente 3 por ciento de los morenistas dijo desaprobar al Presidente, mientras que casi 15 por ciento de ellos le cantó foul o ponche. Los fans son más críticos en la pregunta beisbolera.

La combinación de los indicadores de aprobación y tasa de bateo nos deja muy claro que el Presidente mantiene un alto nivel de apoyo, pero el estadio se está volviendo más exigente con los resultados, aun entre la porra propia. La moraleja de la Serie Mundial es que, para ganar, hay que pegarle a la pelota.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.