El crecimiento electoral de las redes sociales
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El crecimiento electoral de las redes sociales

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El crecimiento electoral de las redes sociales

24/08/2018
Actualización 24/08/2018 - 10:39

Es evidente que el uso de las redes sociales ha aumentado de manera importante en los últimos años en México, pero ¿de qué magnitud ha sido su crecimiento como fuente primordial de información política para los electores? Para darnos una idea, comparemos los datos de las encuestas realizadas justo después de las elecciones de 2012 y 2018, correspondientes al estudio CNEP (Comparative National Elections Project).

La encuesta CNEP, realizada en nuestro país desde la elección de 2006, revela muy claramente el crecimiento de las redes sociales como una fuente no sólo primordial sino cotidiana de información política. Además, es muy revelador que en el estudio de 2006 las redes ni siquiera se contemplaron en la encuesta, lo cual nos recuerda la velocidad con la que esos medios se han expandido, como parte de un rápido proceso de internetización del electorado mexicano.

Según los resultados del CNEP, en México, en 2012, el 11 por ciento de los electores dijo haber utilizado Internet todos o casi todos los días para enterarse de las noticias durante el periodo de campañas electorales. En 2018, ese porcentaje creció a 21 por ciento, prácticamente duplicándose. Esto no quiere decir que ese sea el total de electores que utilicen Internet, ya que la pregunta contempla usuarios menos frecuentes. Se trata del porcentaje de electores que utilizaron a diario Internet como fuente de información política.

En lo que respecta a las redes sociales, el porcentaje de electores que dijo utilizarlas todos o casi todos los días para seguir las noticias durante las campañas era de 11 por ciento, en 2012, y subió a 25 por ciento, en 2018. En este caso el aumento fue mayor.

El crecimiento en el uso de las redes sociales ha ido acompañado de bajas en los medios tradicionales como la televisión, la radio y los periódicos, que disminuyeron en su porcentaje de usuarios que consumen información política; no obstante, hay que considerar que los medios tradicionales han entrado con sus contenidos a las nuevas tecnologías de información, definiendo buena parte de lo que se ve y se lee en las redes, por lo que resulta difícil saber qué tanto realmente perdieron frente al ascenso de estas últimas.

El crecimiento de las redes sociales de 2012 a 2018 no se dio parejo, sigue habiendo brechas sociales importantes en el uso de esas tecnologías de información a las que son más afines los jóvenes y los más escolarizados. Pero también hay señales de que la rapidez del cambio entre las nuevas generaciones de electores está disminuyendo: el uso cotidiano de las redes sociales con fines políticos creció de 25 a 41 por ciento entre los electores de 18 a 29 años (16 puntos), mientras que el crecimiento fue de 6 a 27 por ciento entre el grupo de edad de 30 a 49 años (21 puntos). Esta menor tasa de crecimiento entre los más jóvenes puede reflejar un menor uso de las redes sociales en general, o un menor interés en buscar información política a través de las redes. Habrá que buscarle.

Sólo para complementar el cuadro, entre los electores de 50 años o más el uso cotidiano de las redes sociales como fuente de información política pasó de 4 a 8 por ciento. Se duplicó, pero sigue siendo un porcentaje bajo, además de que crecer al doble parece poco comparado con el grupo de 30 a 49 años, entre quienes el uso de redes por lo menos se cuadruplicó de una elección a otra.

Las redes sociales se han vuelto una fuente primordial de información política y su uso es cada vez más común y cotidiano en México. Cierto, aún hay grandes proporciones del electorado mexicano que no las usan, pero las redes han transformado las dinámicas de información política en el país, así como las estrategias de comunicación de los partidos y sus candidatos. Habrá que estar al pendiente del papel que juegan en las estrategias de comunicación de la próxima administración.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.