Divorcio y cambio de valores
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Divorcio y cambio de valores

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Divorcio y cambio de valores

01/02/2019

Vaya que las conferencias mañaneras del presidente López Obrador mantienen activa a la opinión pública. En esta semana, la mención del mandatario a un aumento en los divorcios debido al neoliberalismo causó reacciones de asombro y algunas rechiflas. Pero el hecho es que el presidente pone agenda y provoca reflexión. Por ello me di a la tarea de sacar del baúl de las encuestas algunos datos sobre las actitudes de los mexicanos hacia el divorcio.

La Encuesta Mundial de Valores (WVS, por sus siglas en inglés), que se ha realizado en México desde principios de los años ochenta, revela que la sociedad mexicana ha cambiado sus puntos de vista, hacia una mayor apertura, en relación a diversos temas sociales como el aborto, la homosexualidad, el suicidio y el divorcio. De acuerdo con la encuesta, la proporción de mexicanos que creen que el divorcio nunca o casi nunca se justifica bajó de 61 por ciento, en 1980, hasta 36 por ciento, en 2005, pasando por niveles cercanos a 50 por ciento en los años noventa y de 40 por ciento en 2000. Esta tendencia a la baja rebotó en 2012, al 43 por ciento, y ha permanecido estable hasta 2018, con 42 por ciento. Con todo y esta aparente reacción 'conservadora', la mayoría de los mexicanos hoy en día ve al divorcio con ojos liberales.

Justificar el divorcio no necesariamente es practicarlo, pero la mayor apertura observada en el país sugiere que las presiones sociales y familiares, que pueden fungir como un freno a la práctica, se han aligerado. Coincidentemente, el periodo de mediciones de la encuesta es más o menos el mismo al cual López Obrador se refiere como el periodo “neoliberal”. Pero quienes han estudiado estos cambios en las actitudes y conductas sociales, atribuyen causalmente esos cambios no a un modelo económico específico ni a una ideología, sino al proceso de cambio estructural y cultural de las sociedades conocido como “modernización”.

En el libro Cultural Evolution (Cambridge 2018), el politólogo Ronald Inglehart argumenta que “en décadas recientes, los valores predominantes de los países altamente desarrollados han cambiado profundamente, transformando las normas culturales que habían persistido por siglos respecto a los roles de género, el aborto, el divorcio, el control de natalidad y las orientaciones sexuales”. Los valores cambian y las sociedades cambian, concluye el también presidente fundador de la WVS. Sin formar parte de esos países “altamente desarrollados”, México no ha estado exento al cambio valorativo. La sociedad mexicana ha cambiado profundamente en su conjunto, pero nos falta entender cómo hemos cambiado, por qué y con qué alcance poblacional.

El cambio probablemente ha sido asimétrico. Parte de la queja al comentario de López Obrador no fue tanto por la atribución causal que hizo al neoliberalismo, sino porque sonó “conservador”, poniendo énfasis en valores familiares tradicionales que ya parecen rebasados para un amplio segmento de la sociedad mexicana. No obstante, como documenta la WVS 2018 en nuestro país, el rechazo al divorcio aún es nutrido y es más común entre los mexicanos de mayor edad, de menor escolaridad, más religiosos y que viven en localidades pequeñas. Esto sugiere que el rechazo al divorcio es parte de la cosmovisión de una audiencia que abraza ese tipo de declaraciones “tradicionalistas” del presidente.

El cambio de valores incluye varios aspectos y es factible que una mayor apertura social en temas como el divorcio, el aborto o el control de la natalidad (todos ellos factores que impactan en la naturaleza y concepto de la familia) también estén relacionados con un mayor empoderamiento femenino. De ser así, antes de buscar algún culpable ideológico único, habría que entender el proceso de transformación por el cual hemos pasado y que ha provocado cambios de actitud y conducta, pero también inclusión y empoderamiento. Lo que podría ser una mala noticia para unos, podría ser buena para otros.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.