Dinámicas de campaña
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Dinámicas de campaña

26/01/2018
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Los quer serían candidatos. (Especial)
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En la discusión política de estos días he escuchado comentarios que denotan cierta impaciencia: las campañas no prenden, las tendencias no cambian, fulano no sube, mengano no baja. Aunque ha habido muy pocas encuestas publicadas para corroborarlo, no dudo que las llamadas precampañas ya están haciendo lo suyo entre el electorado, aunque lo cierto es que en las tres últimas elecciones presidenciales los cambios más notables en las preferencias se registraron hasta abril y mayo. Hagamos un breve recuento.

En la elección de 2000, Vicente Fox cerró la brecha que le llevaba Francisco Labastida, precisamente a principios de abril. En la mayoría de las encuestas, Fox se mantuvo abajo del priista hasta que la elección nos sorprendió a todos. No obstante, el cierre de brecha fue muy visible en ese mes. En un análisis del comportamiento del votante probable que publiqué en mi libro El votante mexicano (FCE, 2003), mostraba que Fox le dio la vuelta al candidato del PRI en abril. El cambio en el equipo, estrategia, mensaje y conducta del propio candidato del PRI señalaba que los cálculos de la campaña habían cambiado.

En la elección de 2006 hubo algunas encuestas que detectaron cambios importantes desde antes (recuerdo la encuesta que publicamos en diciembre de 2005, que ya daba un empate entre López Obrador y Calderón, cuando el primero llevaba una ventaja importante en todas las demás encuestas; Ricardo de la Peña también detectó una cerrada contienda desde febrero, con datos favorables al candidato panista). Pero los cambios más notables fueron nuevamente en abril y mayo. En abril, Calderón cerró la brecha en la mayoría de las encuestas y, de hecho, rebasó a AMLO en varias de ellas. La contienda se cerró nuevamente en mayo, imposibilitando a los sondeos a cantar un posible ganador, o limitándolos a proclamar empate estadístico. El resultado quedaría en suspenso no solamente hasta la elección, sino varios días después.

En la elección de 2012, Enrique Peña aventajaba en todas las encuestas con diferencias de entre 15 y 20 puntos. Sin embargo, en abril, AMLO, que venía en tercer lugar, rebasó a Josefina Vázquez Mota, y en mayo cerró la brecha con EPN, al grado de que la encuesta que publicamos en Reforma en ese entonces lo ubicó solamente a cuatro puntos de Peña. Esa fue la encuesta en la que más competida lucía la contienda, pero en general todas cerraron brecha en mayo, para luego abrirse un poco al final de la campaña a favor del candidato del PRI.

Esas experiencias sugieren que las campañas sí importan, que pueden mover las preferencias de los electores, y que ese movimiento puede cambiar el escenario en cualquier momento. Como aquí se apunta, el momento más notable ha sido entre abril y mayo, pero no podemos dejar de lado nuestra capacidad para sorprendernos este año. El contexto 2018 es diferente a los anteriores en muchos sentidos, y cualquier generalización que se haga puede estar de sobra.

Lo que sí es indudable es que los movimientos causados por las campañas en las preferencias electorales, lo que suele llamarse efectos de campaña, no son producto de la aleatoriedad, sino de un claro entendimiento de parte de los equipos de los candidatos acerca de lo que emociona y engancha al votante. En 2000, Fox logró movilizar el voto útil de izquierda a su favor, situándose como el candidato que realmente podía sacar al PRI de Los Pinos. En 2006, la campaña de Calderón logró impactar a un nutrido grupo de votantes adversos al riesgo, señalando a su adversario como un peligro para el país. Y, en 2012, la información que recibían los electores, ya sea a través de los medios de comunicación tradicionales o de las nuevas tecnologías de información, se conectó muy bien con la preferencia por Peña, principalmente si el votante seguía la televisión, o por AMLO, si seguía las redes sociales.

Si las preferencias van a cambiar en estos meses, dependerá en gran medida de cómo los candidatos y sus campañas descifren al votante de 2018. Por lo pronto, la campaña de AMLO sabe muy bien que ha movilizado la irritación y el descontento a su favor. Falta ver qué y cómo movilizan los otros candidatos.

Twitter: @almorenoal

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.