Demócratas y autoritarios
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Demócratas y autoritarios

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Demócratas y autoritarios

04/10/2019
Actualización 04/10/2019 - 11:33

La democracia como forma de gobierno está perdiendo impulso entre los mexicanos, particularmente entre las nuevas generaciones, y en especial entre las mujeres jóvenes.

La encuesta de El Financiero, publicada el 25 de septiembre, revela que el 51 por ciento de los 15 mil mexicanos entrevistados en las 32 entidades federativas dijo preferir la democracia como forma de gobierno; el 17 por ciento manifestó que en algunas circunstancias es preferible un gobierno autoritario; y el 26 por ciento dijo que le da igual una u otra forma de gobierno. Hoy en día, por cada tres mexicanos que prefieren la democracia, hay uno que está dispuesto a apoyar el autoritarismo.

La preferencia por la democracia es mayoritaria en 21 de las 32 entidades; en 11 no. El nivel más alto de apoyo a la democracia se registra en Chihuahua, con 64 por ciento, y el más bajo en Zacatecas, con 38 por ciento. Los niveles más altos de autoritarismo se registran en Chiapas, Hidalgo y Tlaxcala, con 24, 22 y 21 por ciento.

En un estudio similar realizado en 2010, denominado ENVUD (Encuesta Nacional sobre lo que Une y Divide a los Mexicanos), también con muestras en las 32 entidades federativas a 15 mil 909 personas adultas, indica que la preferencia por la democracia era más alta. En ese año, la democracia era preferible para el 61 por ciento de los entrevistados, 10 puntos más que en la actualidad. La convicción democrática perdió terreno en la última década.

Por su parte, la preferencia por el autoritarismo prácticamente permaneció igual, en 17 por ciento, y los indiferentes crecieron del 20 por ciento que se registró ese año. A lo largo de esta década, la caída en el apoyo a la democracia se tradujo en un crecimiento de la indiferencia, no en un mayor apoyo al autoritarismo. De cualquier manera, el ánimo democrático ha decaído.

Según el estudio de 2010, en 26 de las 32 entidades se registraba una preferencia mayoritaria por la democracia y en seis no. Los niveles más altos de apoyo a la democracia alcanzaban 80 por ciento en Veracruz y Oaxaca.

¿Qué tanto cambió el apoyo a la democracia en los estados? Sólo en cuatro de las 32 entidades aumentó la preferencia democrática. En siete entidades no hubo cambios o fueron variaciones menores, de entre cero y tres puntos. Pero en 21 entidades, la mayoría, el apoyo a la democracia disminuyó: en cinco de ellas la caída fue de menos de 10 puntos; en 11 entidades bajó entre 10 y 20 puntos; en tres de ellas cayó entre 21 y 30 puntos, y en las dos entidades restantes la disminución superó los 30 puntos.

El gran perdedor en el apoyo a la democracia durante esta década fue Veracruz, al pasar de 80 a 48 por ciento. ¿Acaso un efecto Duarte?

Según la encuesta de 2019, los hombres apoyan más la democracia que las mujeres, y la preferencia por esa forma de gobierno aumenta con la edad y, más notablemente, con la escolaridad.

La segmentación que nos permite hacer una muestra de 15 mil entrevistas indica, además, que el público con mayor convicción democrática son los hombres mayores de 50 años con estudios universitarios (82 por ciento), mientras que las menos convencidas son las mujeres de 18 a 30 años con estudios básicos (36 por ciento). La diferencia es brutal.

Por otro lado, el público más afín al autoritarismo son los hombres de 18 a 29 años con escolaridad media (26 por ciento), pero entre las mujeres de esa edad, la preferencia autoritaria rebasa el 20 por ciento en todos los niveles de escolaridad, cosa que no sucede entre los hombres. El autoritarismo, como opción política, es más popular entre las mujeres mexicanas jóvenes, independientemente de su grado de estudios.

La democracia ha perdido impulso en el país y el bajo apoyo que se observa entre los jóvenes es mal síntoma hacia adelante. Quizás es tiempo de que gobierno y sociedad busquen reanimar la convicción democrática, antes de que este cambio de actitud pueda tomar una ruta más institucional.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.