Déficit en cultura democrática
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Déficit en cultura democrática

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Déficit en cultura democrática

25/01/2019

El reporte sobre el estado de la democracia que dio a conocer recientemente la revista británica The Economist (Democracy Index 2018: Me Too? Political Participation, protest and democracy), arroja una buena noticia a nivel global, y una muy mala noticia para México.

La buena noticia es que, a pesar de las ansiedades que ha generado la reciente literatura académica sobre la posible muerte de la democracia, el índice que elabora la revista registra una estabilización a nivel global, luego de un periodo de declive. Sí ha habido algunos deterioros, pero también mejorías en algunos países y ausencia de cambios notables en otros. Es decir, ha habido un poco de todo. Quizás la ansiedad puede estar ligada a que el deterioro de los últimos años se ha registrado en Europa, una de las regiones más democráticas del mundo y, por lo mismo, donde cualquier indicio de reversión magnifica el sonido de las alarmas.

La mala noticia para México es que el Indicador de Democracia que elabora The Economist registra su quinto año consecutivo a la baja. En 2018, México obtuvo el nivel más bajo de democracia desde que inició el seguimiento de este indicador, en 2006, con un score de 6.19. Eso nos ubica como el país número 71 de una lista de 167 países que encabeza Noruega, con un score de 9.87, y que sitúa a Corea del Norte en la retaguardia, con apenas 1.08. Entre 2006 y 2013, México registró primero una mejoría y luego estabilidad con scores de por lo menos 6.90 en los últimos años del gobierno de Felipe Calderón, pero, a partir de 2014, durante el gobierno de Enrique Peña, el indicador de democracia entró en una espiral descendente.

En términos nominales, el semanario califica a la mexicana como una de las 55 “democracias defectuosas” que hay actualmente en el mundo, con rezago en su desarrollo democrático frente a las 20 “democracias plenas”, pero en mejor posición que las 39 “democracias híbridas”, y mucho mejor que los 53 “regímenes autoritarios”, así clasificados por la revista.

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¿Cuáles son las principales fallas de la democracia mexicana, según esa publicación? El índice se obtiene de calificar a cada país en las siguientes cinco categorías: Libertades civiles, cultura política, participación política, funcionamiento de gobierno, y proceso electoral y pluralismo. Según los scores específicos de cada rubro, México destaca en proceso electoral y pluralismo (8.33), y nos va bien en participación política (7.22), lo cual refleja los esfuerzos de varios años por invertir y construir un sólido andamiaje electoral.

Pero no nos va tan bien en cuanto a funcionamiento de gobierno (6.07) y libertades civiles (6.18), y nos va bastante mal en lo que The Economist cataloga como cultura política (3.13), aparentemente el factor más débil de la democracia en México. Una interpretación de esto es que México como país pareciera más democrático que los mexicanos como sociedad. El bajísimo score en cultura política que obtienen los mexicanos denota un enorme déficit en cultura democrática. The Economist deriva los scores de cultura política de la Encuesta Mundial de Valores, en la cual una buena proporción de mexicanos apoya la idea de tener un líder fuerte que no se preocupe por el Congreso, dan un apoyo relativamente alto a un gobierno militar, y expresan un nivel comparativamente bajo de apoyo popular a la democracia, entre otros aspectos. En ese tipo de consideraciones, los mexicanos no se muestran muy democráticos, y eso que el indicador de The Economist no cuenta con medidas de tolerancia, en las cuales, creo, tampoco saldría muy bien la sociedad mexicana.

Los resultados de 2018 son un buen corte de caja sobre el estado de la democracia en el país al inicio de una nueva administración. De acuerdo con el semanario, con un Congreso controlado por su partido, López Obrador es el presidente más poderoso que ha tenido México desde 2000. Por ello, su impacto en la democracia, para bien o para mal, podría ser mayor que el de Bolsonaro en Brasil, según concluye la publicación. Veremos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.