Acoso sexual
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Acoso sexual

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Acoso sexual

15/02/2019

El acoso sexual es hoy una de las problemáticas que están atrayendo más atención de las sociedades y de sus gobiernos, y exigiendo más y mejores medidas para enfrentarla. Forma parte de la lista de problemas nacionales y, como se ha visto en días recientes, de la lista de pendientes en la Ciudad de México. Al igual que otras problemáticas, el acoso sexual se está documentando de diversas formas para entenderlo, y las encuestas son una de ellas.

De acuerdo con una pregunta incluida en la más reciente edición de la Encuesta Mundial de Valores, realizada en 2018, el 35 por ciento de los mexicanos afirma que el acoso sexual sucede con mucha o algo de frecuencia en su barrio o colonia, mientras que 65 por ciento dice que sucede poco o no sucede nada. La pregunta puede tener dos limitaciones en su intento por medir la problemática: una es que el acoso sexual no solamente es un fenómeno que se da en el barrio o colonia, sino en las vías de transporte a los diversos puntos de actividades y trabajo, así como en el espacio laboral mismo, por mencionar algunas. El fraseo se planteó así, con referencia al barrio o colonia, para comparar con otras problemáticas como los asaltos, la venta de drogas, la violencia callejera e incluso la conducta racista en la comunidad donde vive la gente. Pero su especificidad al barrio o colonia podría ocasionar una subestimación.

El estudio arroja que 63 por ciento reporta que los robos o asaltos en su barrio suceden con mucha o algo de frecuencia; la venta de drogas registra 55 por ciento; la violencia callejera, 47 por ciento y, con un nivel por debajo del acoso sexual, la conducta racista, con 22 por ciento. La segunda limitación tiene que ver con el entendimiento de la problemática: ¿Qué entienden los mexicanos por “acoso sexual” o por “conducta racista”? Los robos y asaltos, la venta de drogas o la violencia callejera pueden ser problemas más claros de identificar que el acoso sexual o el racismo, lo cual abona a la posible subrepresentación de las respuestas.

La Encuesta Mundial de Valores nos indica que poco más de un tercio de la población adulta en México (36 por ciento) identifica el acoso sexual como algo que sucede con bastante frecuencia en su comunidad. Una submuestra de la encuesta realizada en la Ciudad de México arroja que el porcentaje es un poco más alto, con 41 por ciento. Esto puede significar que en la Ciudad de México hay más acoso sexual que en el resto del país o que se le identifica con mayor claridad. Por supuesto, también pueden ser ambas.

Pero la percepción no es homogénea: las mujeres tienden en mayor grado que los hombres a percibir acoso sexual en su comunidad. La encuesta a nivel nacional revela que el 33 por ciento de los hombres y el 36 por ciento de mujeres afirman que en su barrio o colonia sucede mucho o algo acoso sexual. La proporción sube ligeramente a 41 por ciento entre mujeres menores de 30 años y a 43 por ciento entre mujeres que reportan tener un empleo de tiempo completo o de medio tiempo. En contraste, el porcentaje de entrevistadas que reporta mucho o algo de acoso sexual en su comunidad es de 33 por ciento entre las mujeres que se dedican al hogar. El incremento en las percepciones de acoso (y muy probablemnte en el acoso mismo) se da entre quienes tienen que trasladarse a un espacio de trabajo fuera de casa.

En la encuesta de la Ciudad de México, la proporción de entrevistados que reporta mucho o algo acoso sexual es 40 por ciento entre los hombres y 42 por ciento entre las mujeres, pero llega hasta 45 por ciento entre mujeres menores de 30 años y a 47 por ciento entre mujeres que tienen un empleo de medio tiempo. La proporción baja a 40 por ciento entre las amas de casa (y hasta 27 por ciento entre hombres con un empleo de medio tiempo, marcando una brecha de género de 20 puntos en ese segmento ocupacional).

Queden estos datos para ayudar a entender una problemática ante la cual los mexicanos parecen volverse más conscientes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.