Las Encuestas

“Estoy convencido...” y otras frases poco creíbles

La credibilidad política tiene un fuerte componente partidario. Votantes panistas suelen creer a políticos panistas, y votantes morenistas a políticos de Morena.

“Estoy convencido de que...”, “estoy convencida...”. Esta frase la usan a menudo las y los políticos, y es muy probable que las escuchemos en los próximos meses, durante las campañas.

Se trata de una de las varias muletillas que se emplean en los discursos, en las entrevistas, en los debates y en otras formas de comunicación política, como los tiktoks.

Decir “estoy convencido” tiene el propósito de dar una imagen de firmeza, de transmitir a la audiencia que la idea o crítica que se está planteando no es una ocurrencia, de que se ha reflexionado a tal grado que no deja ninguna duda.

“Estoy convencida” es una frase que emplea alguien que quiere transmitir que tiene claro su diagnóstico sobre alguna situación, o que tiene claras las medidas a tomar o la ruta a seguir. El objetivo es que se perciba claridad, autoridad, preparación... en una palabra, convicción.

El problema es que muy poca gente la cree.

Y no sólo esa frase; hay varias muletillas o hábitos retóricos que se usan con frecuencia pero que no transmiten realmente nada al electorado, o muy poco.

En la encuesta nacional de EL FINANCIERO del mes de noviembre incluimos algunas frases que suelen escucharse en el discurso político actual, frases recurrentes de la clase política, tanto oficialista como opositora.

Lo que muestran los resultados es que esas frases tienen poca credibilidad.

Cuando las o los políticos dicen “estoy convencido”, solamente 6 por ciento del electorado dice creerles “mucho”, y 29 por ciento les cree “algo”; en contraste, una mayoría de 60 por ciento les cree poco o no les cree nada.

Bajo aquella vieja creencia de que lo que digan los políticos podría tener el significado opuesto, la frase “estoy convencido” evocaría algún significado como “no lo he pensado bien, pero...”, o “no lo tengo claro pero me late que...”. Excepto que en la política rara vez se habla con esa franqueza.

En forma de meme: ¿Cuál es su propuesta para resolver el problema? “No tengo idea”; no puede usted decir eso, candidata. “Bueno, pues entonces, pongale ‘estoy convencida’...”

Se preguntará usted si la falta de credibilidad es de la frase en particular o de la clase política en general. Es una duda razonable, dado que a la clase política suele creérsele poco. Pero...

La inclusión de varias frases en la encuesta arroja distintos niveles de credibilidad para cada una, por lo que es factible que cada frase tenga su propia carga de confiabilidad.

Por ejemplo, la frase “Voy a ganar las elecciones”, una de las arrogancias que suelen escucharse a menudo, como si dependiera sólo del candidato y no de la voluntad del electorado, la cree mucho 6 por ciento, la cree algo 20 por ciento (9 puntos menos que la frase “estoy convencido”), y la cree poco o nada 69 por ciento.

Otra que se escucha con frecuencia es la frase con la que el político habla a nombre del pueblo: “El pueblo quiere...” Esta frase de tono populista la cree mucho 10 por ciento, la cree algo 38 por ciento y la cree poco o nada 47 por ciento.

Asumirse como la voz del pueblo cuenta con un poco más de credibilidad que la supuesta convicción o la seguridad del resultado electoral.

Pero una de las frases que más pega es, irónicamente, una de las menos democráticas: “Me hicieron fraude”. No reconocer una derrota en las urnas y apelar al apoyo ciudadano al grito de fraude es una de las malas prácticas postelectorales más comunes.

Según la encuesta, 20 por ciento dijo creer mucho a quienes apelan a la bandera del fraude, 25 por ciento les cree algo, y una mayoría de 53 por ciento les cree poco o nada.

Como ya hemos señalado en este espacio en varias ocasiones, el partidismo en México importa. Y la credibilidad política tiene un fuerte componente partidario. Votantes panistas suelen creer a políticos panistas, y votantes morenistas a políticos de Morena.

El segmento mayoritario de apartidistas es el que, una vez más, juega como fiel de la balanza, en este caso en la credibilidad de la retórica. Y son los que menos creen en frases como “estoy convencido” o “voy a ganar las elecciones”.

Las implicaciones de estos datos para las campañas son claras: Por más que digas que estás convencido, eso no necesariamente convence a otros.

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