Repensar

Warren para rato

Elizabeth se declara capitalista “hasta los huesos” y sostiene que para salvar a ese sistema hay que favorecer la competencia y hacer más socialmente responsables a las grandes corporaciones, dice Alejandro Gil Recasens.

La vida se le complicó a Elizabeth Ann Herring cuando apenas tenía trece años. Su padre, un modesto vendedor de tienda de departamentos en Oklahoma, sufrió un ataque al corazón y quedó discapacitado. Acabó como encargado de mantenimiento de un edificio de departamentos y ella se fue a trabajar de mesera a un restaurante.

Superando muchos obstáculos, terminó la secundaria con honores y ganó un campeonato de debate, cuyo premio fue una beca completa para prepararse como maestra en la George Washington University. Después de dos años tuvo que abandonar sus estudios para casarse con su compañero de secundaria Jim Warren, que era ingeniero de IBM en Houston. En esa ciudad ella estudió audiología. Luego lo transfirieron a Newark y ahí Elizabeth tuvo a sus dos hijos y se graduó en derecho. En 1978 se divorció de Jim (que nunca apoyó su desarrollo profesional) pero mantuvo su apellido.

Empezó entonces una brillante carrera académica que la llevó de Rutgers a las universidades de Houston, Texas (Austin), Michigan, Pennsylvania y, finalmente, Harvard, donde se le reconoció como una de las principales especialistas en derecho mercantil del país.

Hasta principios de los ochenta fue republicana. Publicaba artículos en contra de la sobrerregulación de las empresas y los movimientos a favor de los consumidores, cuyos argumentos consideraba falaces.

Lo que la hizo cambiar fue una investigación de campo sobre el incremento de las quiebras personales. Al principio ella pensaba que los que se declaraban insolventes eran flojos, viciosos e irresponsables y debían ser despojados inmediatamente de sus pertenencias para cubrir sus compromisos crediticios. Sin embargo, al entrevistar a cientos de afectados se dio cuenta de que eran personas correctas que se habían endeudado al tratar de mejorar la vida de sus hijos. Solo por causas imprevistas (enfermedad, divorcio, despido) dejaban de pagar, aunque tuvieran la voluntad de hacerlo. Era el sistema, que los consideraba predadores a priori, el que no les permitía salir del problema.

Escribió un libro explicándolo y empezó a asesorar a comisiones del Congreso. En 1997 recomendó crear una ley que protegiera a los acreditados, pero los republicanos se opusieron y, al contrario, en 2005 mediante un acuerdo bipartidista auspiciado por Joe Biden, aprobaron un código que hacía más difícil declararse en quiebra y borrar los pasivos.

A la política

La crisis económica de 2008 le dio la razón a Elizabeth Warren. El Congreso la integró al comité para supervisar el paquete de rescate bancario y Barack Obama le pidió hacer el proyecto para crear la Agencia para la protección de los consumidores de servicios financieros que había estado reclamando durante una década. Como los republicanos no dejaron que la nombraran directora, el presidente la mantuvo como asistente hasta 2012, cuando ella fue electa senadora por Massachusetts.

En el Capitolio ha seguido luchando por regular mejor a los bancos y a las aseguradoras y por terminar con la política permisiva que ha propiciado, mediante fusiones y adquisiciones, que las grandes corporaciones tecnológicas se manejen como oligopolios y tengan dominancia en sus mercados.

Son las mismas compañías que han financiado a los candidatos demócratas desde los noventa y que la han acusado de comunista. Por ello, sus amigos la quisieron disuadir de buscar la nominación presidencial. Ella insistió y para diferenciarse, pidió a sus seguidores usar camisetas y botones con la leyenda "I'm a Warren democrat".

Elizabeth se declara capitalista "hasta los huesos" y sostiene que para salvar a ese sistema hay que favorecer la competencia y hacer más socialmente responsables a las grandes corporaciones.

La plataforma electoral con la que se presentó era muy ambiciosa: servicio de salud y guardería universales; fuerte inversión en vivienda social; suprimir las deudas escolares. Financiado todo con un impuesto a la riqueza. También separar la banca comercial de la financiera y regular estrictamente el cabildeo. Son propuestas con poca viabilidad política y económica, pero que llaman la atención sobre problemas reales.

Retirada de la contienda, intenta que el que resulte candidato recoja al menos parte de esa agenda. Es improbable que Joe Biden lo haga. No obstante, la necesidad de contar con el voto de las mujeres blancas educadas pudiera obligarlo hasta a ofrecerle la vicepresidencia. El pensamiento de Bernie Sanders es más cercano al de ella y aunque sus seguidores no la quieren, podría formar parte de su gobierno. Hay Warren para rato.

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