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Todo para ganar

15/01/2020

Una de las grandes incógnitas de la carrera presidencial en Estados Unidos es la poca atención que los votantes le concedieron a Cory Booker. Por donde se le vea era un buen prospecto para ser el candidato demócrata: sus credenciales académicas son excelentes (Stanford, Oxford, Yale) y su desempeño como político es relevante. Sin embargo se fue rezagando y el lunes abandonó la competencia.

Su interés por la sociología urbana lo llevó a vivir en un austero departamento de un deteriorado y problemático conjunto habitacional en Newark. Durante medio siglo esa ciudad había sido sinónimo de pobreza, corrupción y violencia, pero él estaba convencido de que se podía hacer mucho reencauzando a los jóvenes, mejorando la educación y poniendo orden en el ayuntamiento.

Decidió hacer una huelga de hambre (que duró diez días) para protestar porque no se hacía nada contra la venta de drogas. Eso lo catapultó para ser electo como consejero municipal. Aunque dio la batalla no pudo hacer mucho porque el alcalde lo bloqueaba, por lo que se lanzó a sustituirlo. Su fallida campaña en el 2002 se convirtió en una pelea callejera: despidieron a los que lo apoyaban, perjudicaron a sus donantes, vandalizaron su propaganda, encarcelaron a su equipo. Hasta se hizo un documental (“Street fight”, nominado al Oscar) de todo eso.

No se dio por vencido y cuatro años después lo consiguió. Teniendo un concejo favorable, pudo cumplir mucho de lo prometido. Saneó las finanzas, mejoró los servicios, duplicó la vivienda accesible. Convenció a Mark Zuckerberg (de Facebook) para que donara cien millones de dólares al sistema escolar y promovió que voluntarios se convirtieran en mentores de muchachos con problemas de conducta. Él mismo ayudo a un adolescente que quedó huérfano cuando asesinaron a su padre.

La temible pandilla de los Bloods conspiró para asesinarlo por haber afectado su negocio de narcomenudeo. Los enfrentó y en algo logró reducir las tasas delictivas. Personalmente patrullaba las calles en las noches. En una ocasión se dio cuenta de que una mujer estaba atrapada en una casa que se incendiaba. Sin esperar la llegada de los bomberos se metió a rescatarla, resultando intoxicado por el humo y con quemaduras de segundo grado en las manos.

Cuando el huracán Sandy destruyó la parte costera de la ciudad, organizó eficazmente el auxilio a los damnificados y hasta se llevó a vivir a algunos a su domicilio. Reconocido como uno de los mejores alcaldes del país, se volvió protagonista de una serie de televisión (“Brick City”, nominada para el Emmy).

En Washington

Desde 2013 es senador por New Jersey y su récord de votación es uno de los más liberales. La única excepción es su posicionamiento frente a Israel: apoya los asentamientos en territorios palestinos y mucha de la política exterior favorable a esa nación.

Se opuso a Donald Trump desde el principio y ha sido un crítico constante de su gobierno. Se negó a ratificar a los miembros del gabinete, incluyendo a su poderoso colega Jeff Sessions (nominado para Procurador General).

Ello no impide que sea uno de los pocos que se preocupan por buscar acuerdos con los opositores, en un Congreso paralizado por la división y la zafiedad. Se propuso comer con cada uno de los senadores republicanos y es amigo de varios de ellos. Hasta Ted Cruz tuvo que sentarse a platicar con él. El resultado fue que su propuesta de reforma de justicia penal es la única legislación que ha tenido respaldo bipartidista en los últimos años.

La unidad era precisamente el mensaje central de su campaña para obtener la nominación demócrata. Es claro que un partido dividido no podrá enfrentar a Trump. Cory ha probado que puede sostener propuestas parecidas a las de Bernie Sanders y al mismo tiempo ser pragmático; que es capaz de reunir a las diferentes corrientes partidistas y afianzar el voto de los afroamericanos,

Se desenvuelve bien en la televisión y su participación en los debates fue notable; es un orador efectivo, que conecta con la gente. Tiene tres millones de seguidores en twitter. Era el aspirante con más declaraciones de apoyo por parte de personalidades (endorsements). ¿Por qué entonces no avanzó?

Quizá porque con tantos contendientes, los demócratas están muy confundidos y no alcanzan a perfilar al candidato ganador. Tal vez porque, enajenados por la polarización, prefieren a un rudo... aunque pierda.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.