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12/06/2019

Con el argumento de preservar la seguridad nacional, el actual ocupante de la Casa Blanca le ha aplicado -o ha amenazado con aplicarle- aranceles a las importaciones de los países con los que compite (Alemania, Japón y China) y también a sus socios comerciales (Corea del Sur, Canadá y México). Anteriores presidentes habían impuesto sanciones comerciales a estados enemigos y siempre como una medida que pretendía evitar acciones militares. Quien convenció al presidente Donald Trump de estirar la interpretación de la ley, al considerar como una amenaza a la seguridad de su nación el avance económico de otras naciones, fue Peter Navarro.

Aunque ha sido un economista heterodoxo y desde sus primeros libros levantó polémica, en su juventud era firme partidario del libre comercio. De hecho, en su libro “El juego de las políticas” (1984) advertía el peligro de usar la seguridad nacional como justificación del proteccionismo y afirmaba que las guerras de tarifas se convierten en una espiral que puede destruir la economía mundial.

Su primer trabajo en el Departamento de Energía lo persuadió de las bondades de la energía eólica y de dar su voto a quienes la promovían: Clinton, Gore y Obama.

Guerra económica

Como integrante del partido Demócrata participó cinco veces en elecciones para cargos municipales y estatales y nunca ganó. En cambio, como autor de libros le fue muy bien, seguramente por el tono alarmista que progresivamente les fue imprimiendo.

En “The coming China wars” (2006) se refería al surgimiento de China como potencia económica; señalaba con cierta objetividad su impacto sobre los recursos naturales, el medio ambiente y la energía. Pero al mismo tiempo planteaba sin mucho fundamento que le arrebataría los empleos a sus compatriotas y provocaría la ruina de la industria. Ya estaban presentes la idea de que el crecimiento de China es un riesgo para la seguridad de Estados Unidos y el lenguaje militar (guerra, frente, conquista). Apareció en librerías en un momento en que muchos empresarios, molestos con la nueva competencia, se quejaban de la invasión de productos del gigante asiático, criticando su calidad y sugiriendo que su precio era irreal (dumping).

Su siguiente obra sobre el tema la escribió con su colega universitario Greg Autry, quien sostiene la tesis de que es imposible competir con las naciones en las que el Estado dirige la economía. En “Death by China. Confronting the dragon” (2011) acusaban a Beijing de obligar a las empresas americanas a ceder propiedad intelectual como condición para acceder a su mercado, de mantener subvaluado el yuan, de subsidiar las exportaciones y de no respetar las normas laborales y ambientales.

Alentado por el éxito de ventas se lanzó a producir, dirigir y hasta musicalizar un documental con una síntesis del libro. La parte dramática se la puso la narración del actor Martin Sheen. En poco tiempo Navarro se volvió vocero destacado de un nacionalismo económico que repudia el multilateralismo y la globalización. Incluso renegó de sus convicciones ecologistas y llamó a retirar el apoyo a las convenciones ambientales.

Completamente converso al mercantilismo, comenzó a sostener que el déficit es malo en sí mismo y ha de erradicarse, mientras que se debe mantener (a cualquier costo, incluso aumentando la contaminación) el empleo en la manufactura y hacer todo lo posible para repatriar las cadenas de suministro. En esta “guerra” el arma preferida por el profesor Navarro son desde luego las tarifas.

Trump vio el documental varias veces y le encantó. Él venía sintiendo una animadversión hacia China desde antes de que fuera admitida en la OMC. Le pidió a Wilbur Ross (ahora secretario de Comercio) que le presentara a su amigo Peter y compartiendo obsesiones, pronto se hicieron amigos. Llegando a la Casa Blanca le inventó el puesto de director de la Oficina de política de manufactura y comercio. Peter pugnó por imponer a México un impuesto de ajuste fronterizo y por salir del NAFTA, culpable según él del incremento en el desempleo, la delincuencia, las adicciones, los suicidios y hasta la infertilidad.

Lo que sí consiguió fue que Estados Unidos: abandonara el Acuerdo de París y el Acuerdo Transpacífico; le impusiera aranceles a los autos europeos y al acero y aluminio de Alemania, Canadá y México; le declarara la guerra económica a China y... nos amenazara con tarifas para solucionar sus problemas migratorios.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.