Movilidad laboral
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Movilidad laboral

24/01/2018
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TLCAN. (Especial)
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Desde el Tratado de Roma, en 1957, en Europa se empezó a dar el libre desplazamiento de empresarios y empleados. Hoy en día, en todo el llamado Espacio Schengen rigen los mismos criterios migratorios. Así como no hay fronteras para el capital, las mercancías o los servicios, tampoco existen para las personas.

Es cierto que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte incluye disposiciones sobre movilidad laboral (capítulo 16), pero realmente ni cambió ni se armonizó la política de población de los estados que lo firmaron. Cuando se pactó hubo altas expectativas de acercarse al modelo europeo, eliminando las barreras para el tránsito de personas, pero esa nunca fue una prioridad, principalmente porque se consideró poco viable encontrar coincidencias en un asunto tan divisivo y complejo. En la región, la legislación migratoria hace énfasis en la preservación del empleo para los locales y en la seguridad nacional. Lo más que se consiguió fue dar un trato preferencial, trámites menos morosos y algunas facilidades a quienes hacen negocios relacionados con el Tratado.

De las cuatro categorías previstas, sólo una (la de “profesionales”) fue nueva. La de “visitantes de negocios” es una visa B1 que acepta la internación hasta por noventa días para actividades como mercadotecnia, distribución, ventas y servicio posventa. La de “transferencia intracompañía” es una visa L1 que le da oportunidad a ejecutivos, gerentes o especialistas de una empresa de laborar hasta por tres años (prolongables a siete) en la matriz o en una filial, subsidiaria o sucursal de la misma, siempre y cuando hayan ocupado un puesto similar al menos un año. La de “comerciantes e inversionistas” concede el ingreso de capitalistas cuyo ingreso principal lo obtengan en el otro país o estén invirtiendo una cantidad importante en una firma. La de “profesionales” (visa T1) permite permanecer por periodos de un año (renovables) a individuos que ejerzan una disciplina universitaria o técnica y tengan una oferta de trabajo o un contrato firmado en una empresa del país anfitrión. Lo diferente de esta última es que, siendo un arreglo recíproco, se elimina el requisito de presentar una manifestación del impacto de esa contratación en el mercado laboral, es decir, probar que no le va a quitar su chamba a un nacional.

El problema con la categoría de “profesionales” es que se limita a una lista de sesenta especialidades, en la que no están muchas de las más solicitadas en la manufactura (como torneros o soldadores, así como las que se requieren para instalar, mantener y reparar maquinarias). Tampoco aparecen las que se crearon después de 1994, o sea, todas las de alta tecnología. Por ejemplo, en relación con las computadoras sólo hay la de “analista de sistemas”. Otra inconveniencia es que las esposas y dependientes pueden entrar pero sólo como turistas, con restricciones para trabajar.

Hay que añadir que luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos propuso ampliar su perímetro de seguridad, incorporando a sus vecinos del norte y del sur, pero en ningún momento eso supuso que los pobladores pudieran pasar libremente al país vecino. Al contrario, se pusieron en funcionamiento protocolos de inspección fronteriza que no se aplican consistentemente y que dificultan los traslados y las estancias.

En la renegociación del TLCAN, la iniciativa privada de las tres naciones se ha mostrado muy interesada en facilitar el movimiento del personal. Canadá está tratando de meter el tema en la ronda de negociaciones que está iniciando en Montreal, cuando menos para expandir la lista de profesiones autorizadas, pero las probabilidades de lograrlo son mínimas.

El Congreso americano tradicionalmente ha bloqueado la inserción de asuntos migratorios en los acuerdos comerciales. Por eso, el presidente Barack Obama los excluyó del Acuerdo Transpacífico. El actual gobierno de Estados Unidos encabeza una cruzada de protección al empleo doméstico (hire american) que pone en duda cualquier intención de mejorar este capítulo. De hecho, en los objetivos de negociación que presentaron ni siquiera se menciona. Si bien nos va, quedará como está.

Es una lástima porque la economía global requiere el libre desplazamiento de personas para que una nación pueda ser competitiva. Canadá lo ha comprendido muy bien; su estrategia global de competencias busca atraer a su economía a personas talentosas, sin importar el pasaporte que porten. Hay que copiarle.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.