Educación científica
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Educación científica

26/12/2018

Entre los miles de estudios que produce cada año el gobierno de Estados Unidos, la semana pasada se presentó uno que, siendo de gran importancia, pasó inadvertido, opacado por la vorágine de noticias relacionadas con las disputas de la Casa Blanca. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (NSTC), que depende de la Oficina Ejecutiva de la presidencia, difundió un completo análisis sobre la educación científica en ese país y un plan de acción para mejorarla en los próximos cinco años (“Charting a course for success: American strategy for STEM education”).

El papel de ese Consejo ha variado de acuerdo a la actitud que cada presidente ha tenido frente a sus recomendaciones. Algunos las han tomado en cuenta inmediatamente en la formulación de las políticas públicas y han luchado para que el Congreso haga los cambios legales requeridos y las asignaciones presupuestales necesarias. Otros las han aplaudido pero no les han hecho mucho caso. Y hay también quien las ignora por completo o las refuta, dando mayor valor a las consideraciones políticas. Como sea, generalmente son textos bien fundamentados que cuentan con el consenso de la comunidad científica.

En las últimas décadas la preocupación por mejorar la educación científica ha crecido enormemente. El acrónimo STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics) se popularizó cuando muchos analistas notaron que su país estaba muy rezagado en la preparación de capital humano para la economía del conocimiento y eso le restaba competitividad frente a otros que sí tuvieron la inteligencia para prever la formación de ese tipo de personal.

Hubo también educadores que llamaron la atención sobre el impacto de ese rezago al nivel individual. Simplemente para funcionar como consumidores de productos sofisticados, y más para conseguir empleos bien pagados o iniciar empresas viables, se exige que las personas tengan las habilidades y la forma de razonar que las STEN permiten.

Los cambios

La educación STEM ha evolucionado rápidamente. De asignaturas que se traslapan y hasta se contraponen, se ha pasado a un enfoque interdisciplinario e integral, más acorde con el mundo real. Poco a poco se ha comprendido que hay que superar la mera acumulación de conocimientos, para resaltar la forma en que se aplican a través del pensamiento crítico y las habilidades “suaves” (como la cooperación o la adaptación).

Lo nuevo en este reporte es que sin dejar de proponer la expansión de las plataformas digitales para aprender y enseñar, hace conciencia de que se debe ir más allá de la escuela y dar mayor protagonismo a la educación no formal en el hogar, la comunidad y los centros de trabajo. Señala la gran utilidad de iniciativas como los concursos de robótica, las ferias de la ciencia, los juegos matemáticos y los retos para inventores.

Hace ver que las empresas americanas no se han interesado por formar a su fuerza laboral y han preferido importarla de otras partes. Pone el ejemplo de los técnicos de programación, que ni siquiera precisan tener la base de estudios de bachillerato.

Comenta que tradicionalmente se ha pensado que la educación universitaria, y sobre todo la de posgrado, era clave para impulsar la innovación. Ahora han caído en la cuenta de que la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas tienen que empezar a aprenderse desde la etapa preescolar y deben seguirse estudiando a lo largo de toda la vida. En ese sentido, la responsabilidad de mejorar la educación STEM no se circunscribe a la Secretaría de Educación y a las escuelas. Implica un gran esfuerzo social, liderado decisivamente por el gobierno, para lograr en un lustro la competencia universal en habilidades digitales. Creen que en ese plazo se puede lograr que todos sean capaces de crear una página web, editar videos, imprimir en tercera dimensión, encontrar y validar información en la red, hacer programas simples, operar sistemas de control y comunicación y, desde luego, usar las computadoras para instrucción online.

El texto hace énfasis en el papel crítico del gobierno para alinear los incentivos, para eliminar brechas entre grupos sociales y para ampliar las oportunidades de acercar a las personas a los empleos STEM, por medio de internados, externados o programas de aprendices desde la secundaria. Dentro de la misma administración pública han de flexibilizarse las reglas de contratación para captar a más egresados de esas carreras.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.