Duelo de titanes
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Duelo de titanes

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Duelo de titanes

16/01/2019
Actualización 16/01/2019 - 15:20

La insistencia del presidente Donald Trump en levantar un muro fronterizo, y la negativa del liderazgo demócrata en la Cámara de Representantes a costearlo, han tenido paralizado al Gobierno y distraído al Legislativo por tres semanas. A pesar de ello no parece que puedan llegar a un pronto arreglo.

El presidente ha tratado de obtener más apoyo popular presentando a la inmigración ilegal como un problema de seguridad nacional, como una invasión silenciosa de extranjeros perniciosos. Le carga la crisis humanitaria que se ha producido en los centros de detención a la necedad de sus contrincantes. Para dramatizar su posición leyó un mensaje frente a las cámaras de televisión y fue a McAllen, Texas, para hacer que miembros de la Patrulla Fronteriza narraran la gravedad de la situación. Amenaza con declarar una emergencia nacional y encargar al Cuerpo de Ingenieros del Ejército la construcción. Su obstinación lo ha llevado a ni siquiera querer sentarse a discutir con los opositores, dejando ese papel al vicepresidente Mike Pence, más educado que él pero igual de intransigente.

Los demócratas no pueden negar que cierta migración ilegal es conflictiva, por lo que prefieren argumentar sobre el alto costo y poca utilidad de ese tipo de barreras. Sostienen que más bien se requiere una reforma comprehensiva, pero no han sido capaces de formularla. Acusan a Trump de tomar al país como rehén y subrayan los daños que produce tener parada a buena parte del Gobierno, tanto para los burócratas como para los usuarios de los servicios públicos.

Lo que hace difícil que lleguen a un entendimiento mutuamente satisfactorio es lo que en realidad está en juego: la correlación de fuerzas que permita o impida la alternancia en la Casa Blanca en 2020.

Donald Trump sabe que no puede perder esta pelea. No sólo quedaría abollada su fama de duro negociador; se resquebrajaría el respaldo inalterable que ha tenido de la fracción conservadora de su partido. Eso permitió que el Senado si le autorizara el desembolso para el muro y le facilitó colocar candidatos afines en las pasadas elecciones. Hoy por hoy no se ve quien, dentro de su partido, le pudiera disputar exitosamente la candidatura presidencial. En seis meses tendrán que anunciar su aspiración los que lo pretendan. Los que se asoman no se ven muy peligrosos para él.

Nancy Pelosi, la líder demócrata en la Cámara de Representantes, tampoco puede darse el lujo de fallar. Con trabajos se hizo de la posición hace dos semanas. Los nuevos integrantes de la Legislatura no la querían ahí. Piensan que los congresistas de su partido se han visto muy acobardados frente a un presidente que abusa de su poder y frecuentemente cae en la ilegalidad. Las ovejas descarriadas consideran que ahora que tienen mayoría es el momento de enfrentarlo y llevarlo a un juicio político, pero no ven que ella sea la más idónea para dirigirlos. Creen que ejerciendo la facultad que tiene el Congreso para ordenar a cualquier funcionario la presentación de documentos o rendir testimonio jurado ante las comisiones legislativas, pueden obtener pruebas que, judicializadas, lleven a la destitución de Trump. Ella, con más experiencia, entiende que no deben precipitarse y que es mejor esperar las conclusiones del fiscal Robert Mueller.

Al mismo tiempo, la veterana representante por un distrito de San Francisco sabe que, por presionarla, el presidente puede ordenar la inspección de lugares de trabajo para descubrir y sancionar a patrones que contratan ilegales. Aunque las multas y las penas de cárcel para aquellos no son elevadas, en un estado como California eso crearía un caos y pondría a dudar a los que le han otorgado su voto repetidamente. Es decir, también la carrera de ella está en cuestión si no logra un buen trato.

Hace un año se planteó un choque similar y los demócratas propusieron otorgar un financiamiento parcial del muro a cambio de que los republicanos aceptaran un programa de regularización para los dreamers. Al parecer ahora podrán buscar el mismo acuerdo. Incluso no se oponen a ampliar los centros de detención, a contratar más oficiales de migración y a suprimir el sorteo de visas para personas de países de baja migración a Estados Unidos, como lo pide Trump. El asunto, sin embargo, es más prosaico: ver quién se impone a quién.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.