Causa perdida
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Causa perdida

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Causa perdida

08/07/2020

Once estados del Sur decidieron separarse de la Unión Americana en 1861 porque se sentían agraviados por el gobierno federal, que le ponía aranceles a sus exportaciones y casi no los tomaba en cuenta. Pero también porque eran optimistas y pensaban que podrían prosperar como nación independiente. Gracias a la desmotadora (que separa las fibras de algodón de sus semillas) habían mejorado su productividad y sus niveles de producción. Sus exportaciones a Gran Bretaña eran crecientes y planeaban vender directamente a otros países europeos. Soñaban con crear su propia industria textil, expandirse hacia el oeste y construir grandes ciudades.

Por eso, la devastación que dejó la Guerra Civil fue tan desmoralizante para ellos. Les confiscaron sus tierras y ganado; se quedaron sin nada; sus perspectivas eran desalentadoras. El presidente Abraham Lincoln lo entendió e inició la reconstrucción, tanto física como institucional, pero esta se interrumpió cuando los demócratas retomaron el control del Congreso.

Perdidas las esperanzas, la gente se preguntaba; cómo llegaron a eso; para qué se enfrascaron en un conflicto en el que no podían salir victoriosos; por qué sufrieron una derrota tan humillante; quién los llevó hasta ahí.

La secesión la incitaron, sobre todo, los dueños de grandes plantaciones, que tenían más tierras de las que cultivaban y más esclavos de los que necesitaban, en su afán de sentirse poderosos. Era esa pequeña oligarquía la que se molestó cuando el precio de los esclavos se elevó al prohibirse su importación y la que se rebeló cuando se propuso emanciparlos. Ni los pequeños terratenientes, que casi no dependían del trabajo forzado, ni los comerciantes y artesanos, se preocupaban mucho por el tema y, desde luego, no lo consideraban un asunto de vida o muerte.

Pretextos

Cuando la prensa los empezó a recriminar, decidieron echarles la culpa a otros, creando lo que se conoce como el mito de “la causa perdida”.

Inventaron una serie de mentiras alrededor de “las verdaderas razones de la guerra” (la elección de Lincoln fue fraudulenta; el Norte los agredió y el Sur, unificado, no tuvo otra opción que defenderse; no lucharon por mantener el esclavismo, sino por defender la soberanía de los estados y por preservar su forma de vida tradicional, muy superior a la de los otros); “las verdaderas razones de la derrota” (le habrían ganado a los Yanquis, a pesar de su inferioridad numérica y de recursos, si ellos no hubieran actuado tan salvajemente, bombardeando inmisericordemente las ciudades, agrediendo a los civiles y maltratando a los prisioneros) y; “el verdadero resultado de la guerra” (ganaron porque preservaron los derechos estatales).

Según eso, los generales de la Unión eran sádicos, degenerados y alcohólicos, mientras que los de la Confederación lucharon honorablemente, con valentía y espíritu marcial. Eran astutos estrategas que perdían las batallas porque sus subordinados no seguían sus instrucciones o por circunstancias fortuitas.

Los supremacistas fueron tomando el control de la narrativa. Presentaron la época de la Reconstrucción como una etapa tenebrosa: los misioneros, maestros y hombres de negocios que llegaron del Norte eran en realidad aventureros que iban a arrebatarles sus riquezas y a explotarlos. Concederle la franquicia a los liberados fue un error porque eran ignorantes y no votaban inteligentemente: llevaron a las asambleas a diputados corruptos y oportunistas, que redactaron leyes equivocadas. Como la libertad es peligrosa en manos de seres inferiores, había que derogar esas leyes y restringir los derechos de la población negra.

La ofensiva cultural de los supremacistas se intensificó. Se editaron nuevos libros de texto con la verdad oficial. Por miles se vendieron novelas como La cabaña del tío Tom (la historia de un esclavo humilde y manso, que acepta su destino y es feliz dejándose guiar por mentes superiores) o Lo que el viento se llevó (perspectiva elitista y nostálgica de la vida glamorosa en las plantaciones, donde los esclavos son parte de la familia). Gran éxito de taquilla tuvo la película muda El nacimiento de una nación, en la que el Ku Klux Klan aparece como una fuerza libertadora de caballeros andantes.

La mayoría de los sureños aceptaron la reunificación como irremediable y no creían que existiera el “problema negro”. Sin embargo, paulatinamente fueron aumentando su rivalidad con el Norte y adoptaron una identidad “dixie”. Esos mitos y leyendas les devolvieron el orgullo perdido, pero a costa de adoptar prejuicios racistas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.