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17/07/2019

En los temas de migración la posición del presidente Donald Trump ha sido la misma desde hace cuatro años y no va a variar en la próxima campaña presidencial. Claramente ha manifestado que quiere reducirla, ilegal o no.

Argumenta que ha tenido que tomar medidas drásticas (construir un muro fronterizo; detenciones y deportaciones) por la indolencia de los demócratas, que no han querido realizar los cambios legales necesarios para hacerlo de otra forma. En especial, subraya que se han negado a reformar las reglas para aceptar a refugiados y eso ha provocado migraciones masivas de centroamericanos, lo que él presenta como una invasión que pone en peligro el empleo y la seguridad pública.

En lo que hace a la migración autorizada, el presidente ve como absolutamente necesario limitar la que se produce en cadena, para la reunificación familiar. Desea establecer en cambio un sistema que privilegie la admisión de quienes puedan aportar más a la economía de su país. Lo peor es que ni él ni los de su partido han presentado proyectos legislativos concretos, sobre los que se pudiera discutir y negociar. Ha preferido gobernar mediante decretos y otras acciones ejecutivas, que casi siempre son echadas para abajo por la vía judicial.

Hacerse tontos

Tampoco los demócratas han definido una salida transitable. Se contentan con lanzar, de tanto en tanto, iniciativas que los muestran humanistas y empáticos, pero que saben que son impracticables en un congreso extremadamente polarizado y dividido en mitades. Con clara intención electoral sugieren arreglar la estancia y conceder la ciudadanía al total de los que ingresaron irregularmente en las últimas décadas.

Sobre el muro fronterizo, de los veinticinco aspirantes a la candidatura demócrata, diecisiete todavía no tienen un posicionamiento claro; cinco (Tim Ryan, Jay Inslee, Bernie Sanders, Kamala Harris y Elizabeth Warren) se oponen a aprobar un céntimo más para ampliarlo; tres (Kirsten Gillibrand, Beto O’Rourke y Julian Castro) estarían por demoler partes del mismo, siempre y cuando lo aceptaran las comunidades implicadas.

Casi todos han preferido no expresarse sobre la desaparición de la agencia de seguridad migratoria (ICE) y de la patrulla fronteriza. Es una exigencia de los radicales del partido que la población general considera exagerada.

Sobre el otro tema (¿qué hacer con los que llevan años viviendo en Estados Unidos sin permiso de residencia?) todos los pre candidatos se manifiestan a favor de una amnistía general, pero no dicen cómo hacerla viable. Se limitan a plantear la prolongación del permiso temporal (DACA) que el presidente Barack Obama había promovido a favor de setecientos mil inmigrantes que llegaron al país cuando eran niños (“dreamers”) y, en todo caso, otorgar la ciudadanía tan solo a ese grupo.

Los únicos que a estas alturas han presentado algo acabado y formal son Julián Castro, Kamala Harris, Beto O’Rourke y Jay Inslee. El problema es que en todos los casos son planes fundados exclusivamente en las facultades del ejecutivo, lo que los hace vulnerables a la negativa del Capitolio a autorizar fondos para llevarlos a cabo o, peor, a acciones judiciales. Eso es lo que sucedió con las políticas de los presidentes Bill Clinton y Barack Obama, que han estado en litigio por años en los tribunales federales y aún están pendientes de recibir un veredicto en la Suprema Corte.

Tampoco explican la forma de financiar los servicios sociales (salud, educación, vivienda) a que serían elegibles los nuevos ciudadanos, lo cual constituye el principal alegato de los opositores y es lo que ha frenado a los congresistas de aprobar proyectos similares.

Los que han intentado ir un poco más allá son Julián Castro (quien fue alcalde de San Antonio y secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano) y Beto O’Rourke (exrepresentante por Texas). Este último, que nació en El Paso y habla español, es quien ha formulado promesas más específicas y realizables. Ofrece contratar más jueces, intérpretes y abogados defensores para agilizar los procesos judiciales de los solicitantes de asilo. Considera crear una nueva categoría de visa para personas a las que grupos o comunidades se comprometan a patrocinar.

Hasta ahora, en el tema migratorio, los que quieren derrotar a Trump el año próximo se han contentado con mostrarse como bien intencionados. Saben que para los de su partido no es una cuestión que interese mucho y que a los republicanos ninguna opción diferente los va a convencer.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.