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23/01/2019

Termina el segundo año del gobierno de Donald Trump y es claro que la polarización política, que venía creciendo desde 2001 y que en este período se agigantó, hace difícil que sus conciudadanos hagan un balance objetivo de su desempeño. Para unos han sido una época de caos y decadencia, mientras que otros la ven como un renacimiento del país. Ese sería el primer logro del presidente: haber conservado y consolidado su base social (cerca del 40% de los votantes). Cada dos semanas se ha presentado en mítines multitudinarios de sus simpatizantes para asegurarles que está cumpliendo lo que les ofreció y que “América es grande otra vez”.

Al mismo tiempo, sostiene una lucha a muerte con los grandes medios de comunicación. Nueve de cada diez notas que lo mencionan son negativas, lo que no había pasado con ninguno de sus antecesores. Es también singular que enfrente investigaciones judiciales y congresionales sobre lo que ha hecho desde su juventud. Se le acusa de todo, desde evasión de impuestos, sobornos, discriminación racial o infidelidades conyugales hasta traición a la patria. Para muchos está es la etapa más negra de la historia.

Incógnitas

Tiene a su favor que la economía y el empleo han crecido. Sus detractores alegan que se beneficia de lo hecho por el presidente Barack Obama luego de la crisis financiera. Él lo atribuye a la desregulación y a la reforma fiscal que promovió para reducir los impuestos a las personas físicas y morales.

Lo cierto es que no se ha conseguido el principal objetivo de esa reforma: incrementar la inversión. A pesar de haber exceso de capacidad productiva y necesidad de sustituir maquinaria y equipo obsoleto, las corporaciones se han mostrado muy cautas y el flujo de efectivo lo han usado para premiar a los inversionistas en cartera con dividendos y recompras. También la inversión de los hogares es lenta. Después de lo sucedido en 2008 son pocos los que se comprometen con hipotecas para vivienda nueva. Por otra parte no se ha logrado poner de acuerdo con los demócratas en el financiamiento de un gran plan de renovación y expansión de infraestructura.

El consenso de los analistas es que este año las cosas no se moverán mucho, pero el siguiente podría asomar la recesión. Algunos, sin embargo, lo ven al revés: precisamente porque la recuperación es lenta va a durar más y no es factible que haya recesión porque no ha habido malas inversiones o shocks geopolíticos que la disparen. Sobre esto último falta ver hasta donde escala el pleito por las tasas de interés con el Banco de la Reserva. Igualmente, el efecto disruptivo en los mercados de la salida de los pactos comerciales (TPP y TTIP), de los nuevos acuerdos con Corea, México, Canadá y de la guerra de tarifas que le declaró a China y a los europeos.

Atropelladamente pero ha conseguido la confirmación de un gran número de jueces conservadores, incluso de dos en la Suprema Corte. En otros temas de política interna hay empate. No logró que se aboliera el Obamacare, pero en la práctica lo está desmantelando con medidas como la eliminación de las multas a los que no se aseguran.

Judicialmente le han frenado muchas de sus iniciativas en materia migratoria (la prohibición de ingreso para nacionales de algunos países musulmanes, la revocación del DACA, la suspensión de fondos federales a las ciudades santuario, la política de separación familiar y hasta su deseo de mantener la pregunta sobre raza de adscripción en el siguiente censo). No obstante, han continuado las deportaciones y, aunque pausadamente, avanza el muro fronterizo y el incremento de los jueces y funcionarios migratorios.

El presupuesto del Pentágono empieza a crecer y los compromisos militares en Asia y en Europa (OTAN) se han aligerado en la medida en que los aliados han aumentado su gasto en defensa.

En la política exterior reina la confusión. Desprecia a los organismos internacionales pero al mismo tiempo intenta capturarlos. Suspendió el acuerdo nuclear con Irán y cambio la embajada en Israel a Jerusalén. Anuncia el retiro de las tropas en Siria porque da por erradicadas a las fuerzas radicales islamistas, lo cual es muy dudoso. Aparentemente logró que Corea del Norte desmantele sus instalaciones nucleares y sus plataformas de proyectiles pero no hay nada escrito.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.