Repensar

Apagados

Históricamente, son los gobiernos estatales y locales los que se encargan de la infraestructura, comenta Alejandro Gil Recasens.

En Asia, el Medio Oriente y Europa se construye infraestructura a un ritmo vertiginoso. Año con año, surgen nuevos puertos, presas, oleoductos, sistemas hidráulicos, centrales eléctricas, aeropuertos, autopistas, puentes, túneles y tendidos ferroviarios.

Todas las ciudades importantes de China tienen un aeropuerto nuevo y están unidas por trenes de alta velocidad. En la India se construyen puertos gigantescos y el mayor corredor industrial del mundo (entre Delhi y Mumbai). Malasia cuenta con una docena de nuevas ciudades. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes tienen ahora los centros de investigación científica más avanzados. Egipto amplió el canal de Suez y va a estrenar capital. Turquía dispone de un nuevo túnel bajo el Bósforo. Europa está restructurando totalmente sus redes de ferrocarril y de gasoductos y cada vez genera más electricidad con aerogeneradores.

Mientras tanto, en Estados Unidos... se fue la luz. Una tormenta invernal dejó sin electricidad y sin agua a 12 millones de tejanos.

Eso se podría haber evitado si ya estuviera en funcionamiento la superestación Tres Amigas, en Clovis, Nuevo México. Este proyecto pretendía enlazar las tres redes eléctricas más grandes de la Unión Americana (Este, Oeste y Texas), de forma que siempre haya energía de respaldo ante cualquier contingencia. Adicionalmente, eso solucionaría el problema de confiabilidad en el suministro, ya que, por la diferencia horaria, las grandes granjas solares y eólicas del suroeste tienen su pico de producción al mismo tiempo que en la costa este experimentan la mayor demanda. Ahí mismo se pensaba almacenar energía por aire comprimido y establecer un mercado en tiempo real, permitiendo obtener la electricidad más barata en cada momento. Iniciado en 2009, lleva tres años parado porque no se han podido reunir los 500 millones de dólares que faltan para terminarlo.

Es una historia que se repite. Por todos lados hay maquetas empolvadas y obras inacabadas. Saben que el país tiene un cuello de botella logístico que le impide ser competitivo; tienen conciencia de que las redes ferroviarias y carreteras están saturadas y que se precisa rehabilitar 5 mil puentes en peligro de caerse. Entienden que la transición masiva hacía vehículos eléctricos requiere ampliar la generación y reponer 160 mil millas de líneas, pero en tres décadas no se han puesto en operación nuevas hidroeléctricas o centrales nucleares.

En este momento lo más grande en construcción es el puente Gordie Howe, en Detroit, un túnel ferroviario bajo el río Hudson, una línea de metro de 14 kilómetros en Manhattan y la renovación del aeropuerto La Guardia. Fuera de eso, la prolongación de los trenes ligeros de algunas ciudades y un trencito subterráneo de 1.5 millas en el centro de convenciones de Las Vegas. El único "megaproyecto", un tren de alta velocidad entre Anaheim y San Francisco (612 km) está detenido. Por tercera vez, se suspendió la terminación del oleoducto Keystone XL. Lo más notorio que se hizo en el gobierno anterior fueron las 360 millas del muro fronterizo.

PARÁLISIS

Históricamente, son los gobiernos estatales y locales los que se encargan de la infraestructura. Grandes obras, como el canal Eire o el puente Golden Gate fueron financiadas por los gobiernos de Nueva York y California, respectivamente. Los puertos y aeropuertos los iniciaron los gobiernos municipales. La construcción y operación eléctrica, hidráulica y petrolera es privada.

El gobierno federal sólo excepcionalmente impulsa proyectos: el ferrocarril transcontinental en el siglo 19; la electrificación del Valle de Tennessee y la presa Hoover en los 30; la red interestatal de carreteras en los 50; la carrera espacial en los 60; el desarrollo de la internet en los 80.

La preocupación por el déficit fiscal limita los presupuestos e inhibe los planes costosos. Se calcula que se necesita un trillón de dólares para hacer lo más urgente. El presidente Biden le está pidiendo 200 billones al Congreso y difícilmente se los concederán. Para el año fiscal 2021, el monto máximo de los apoyos que dará el Departamento de Transporte es de 25 millones de dólares y sólo tiene asignados 889. Alcanza para hacer carriles confinados para autobuses o bicicletas.

Cuando los gobernadores someten a referendo aumentos temporales de impuestos para solventar proyectos, casi siempre pierden. En 1993 fue la última vez que se incrementó el impuesto a la gasolina, con el que se da mantenimiento a las carreteras. Las legislaturas no se ponen de acuerdo.

Falta dinero y sobra politiquería.

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